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| Foto Robert Gligorov |
A medida que la glotis se cierra
las palabras estallan.
He buscado tus huesos en las entrañas húmedas,
pero tu cuerpo navegó deshecho.
Los dientes mordieron la piel sin tregua.
Te amé mientras cavabas surcos perfectos.
Y antes de masticarte, probé tu boca.
Me bebí los ojos de un sorbo, como si fueran vino negro.
Vos te divertías ciego.
Tu risa cruzaba la tarde de punta a punta.
Llovía a cántaros.
Las sábanas sudaban cuerpos.
Yacíamos desnudos, sin piel,
mucho antes de la muerte orgásmica,
aún antes de quedarnos solos.
Uno dentro del otro. Engullidos, desarmados.
Y ahora, mientras las calles se inundan,
ya no estás.
Y me crecen peces dentro.