Banquete

Me digo “Abrí la boca, dejate agasajar por el deleite de las fiestas", ahora que iluminan el frío de las calles esas luces con forma de trineo. Fin de año se acerca de manera implacable. En el espejo ya no existe la que era. Ahora hay una extraña que me convida placeres que no entiendo. Sigo odiando los turrones y tengo una soledad parecida a la que siempre he soñado. Soy contradictoria, por eso me callo y mastico las almendras y el merengue endurecido. A mi lado hay un vacío interesante y no puedo evitar contemplarlo.
Hace poco que te conocí, y fue bonito. Nuestros cuerpos jugaron a abrazarse, fue un ritual extraño. Había clowns. Bailamos y tus manos me cuidaron del suelo. Alrededor la gente murmuraba, era como un rezo colectivo. Y mientras esperábamos el comienzo de la función, nos acariciamos la cara. Rodamos por el piso, nos besamos la piel. Nunca nos habíamos visto, era la primera vez que nos atravesaba ese tren luminoso. Dejamos que nos pasara por encima y nos reímos. “¿Qué fue esto?” preguntaste, conociendo la respuesta. “Mimos” susurré yo, mientras sentía que se trataba de mucho más. Sonreíste. Hubo un estruendo. Lo que más aborrecí de haberme despertado fue no pedirte el teléfono, pero de todas formas, pensé, el pijama no lleva bolsillos. Y me conformé con encontrarte por la calle un día de estos.

Nuestra América

Si al saqueo lo llaman conquista.
Si inventan guerras para aniquilarte.
Si te imponen un credo y te humillan.
Si te explotan para enriquecerse.
Si queman tus tierras y te tortura el hambre.
Si las grandes ciudades te ignoran.
Si sus políticas mienten.
Si escasea el trabajo digno.
Si tus hijos en la calle envejecen.
Si no hay mañana en tus manos campesinas.
Si a tus maestros los fusilan.
Si envenenan tus aguas.
Si venden hasta tus uñas:
No te calles,
por más Rey miope que te increpe.

Señales

La vida nace desesperada por habitar el mundo. No se conforma con saber llorar, gatear, con que algún alma piadosa le suene los mocos y le ate los cordones. No. Quiere más. Necesita más. Por eso desarrolla palabras a medida de lo que lleva en la sangre, para poder transmitir sus contradicciones y sus amores terribles; para soportar la lucha entre el sueño y la vigilia con dignidad.
Nada menos que el lenguaje (en todas sus formas) como fusil contra las propias miserias vitales. Y así vamos, desparramando palabras por doquier. Y con ellas se escapan alguna que otra caricia y varios golpes mortales.
Por eso hoy propongo inventar señales a medida. Pintar bicisendas clandestinas en nuestro barrio, inaugurar plazas con algún nombre querido, arrancar los carteles de stop, cambiar el de "no pisar el césped" por el de "prohibido no disfrutar del césped", advertir sobre las rectas aburridas; inventar el de permitido jugar siempre, toda la vida, aunque esta pretenda triturarnos porque, al fin y al cabo, lleva el mandato de morir y sólo está cumpliendo órdenes.

Andén

Foto Robert Gligorov
Entrado en años y canas, ese hombre llora.
Con los labios rojos, la mujer recuerda.
En la estación de tren un joven espera la muerte.
El hombre piensa en aquella piel con lunares.
La mujer aún siente el perfume de su nuca.
El muchacho percibe la vibración del suelo.
Él extraña sus manos sobre la espalda.
A ella le hace falta su abrazo húmedo.
El chico se acerca al borde del andén.
El hombre desea el susurro de su boca tibia.
Ella añora los domingos de lluvia con él.
Pero el hijo que nunca tuvieron toma impulso
y salta
.
En la estación vacía quedan los dos, sin reconocerse,
junto al mismo sueño muerto.

Menos veintiún gramos

¿Somos un cúmulo de uñas? ¿Una montaña de pelo? ¿Un trozo de carne? ¿En qué nos convierte la ausencia de los lugares amados? ¿Quién salvará los besos que dimos, los fluidos nocturnos, los amaneceres de verano en los que yacíamos desnudos? ¿Qué clase de monstruos seremos al olvidar ese perfume? ¿Qué será verdad luego de mentirnos tanto? ¿Sabremos escaparnos de nuestra propia trampa? ¿Seremos capaces de sentirnos vivos entre cadáveres de días? ¿Quién dormirá por nosotros junto al cuerpo amado? ¿Qué sentido tiene la boca sin el deseo de besos? ¿De qué color es esta luz negra que muerde dentro? ¿Se puede abandonar el sabor de una piel? ¿Qué ocurrirá cuando terminen de devorarnos, de consumirnos, de distraernos, de ocupar nuestro tiempo? ¿De qué material estaremos hechos cuando nos convirtamos en todo aquello que odiamos?