Réquiem


Foto Nicholas Hendrickx
Rememoro una y otra vez el día en que le enseñé a volar. Para qué semejante voluntad, si ella no tenía con qué remontarse. Pero era cabeza dura y lo consiguió. Aún sin elementos, vio la tierra desde arriba unos segundos, aunque luego se precipitara de un porrazo. Revolcada en el barro, todavía sonreía y movía las antenas con ese encanto tan pelirrojo. Después me abrazó con sus seis patas en una especie de ritual entusiasta.
Me viene a la mente el momento en que la vi por primera vez; estaba cargando esa hoja descomunal sobre su cuerpecito. La imagen me pareció tan grotesca que me precipité desde la altura y la contemplé oculto en un escondrijo. Después de luchar mucho tiempo, ya exhausta, la dejó sobre el suelo. Nadie venía en su auxilio y parecía habitar la desolación, tenía en la cara ese resplandor que da cuando se tiene ante los ojos un sueño muerto. Y de eso yo sabía mucho, así que salí para ayudarla. Cogí la hoja con mis patas delanteras y, valiéndome de mis alas, la acompañé hasta el hormiguero. Fue a partir de allí que su aroma me transformó en un ser débil, embrujado.
En el fondo sabía que lo nuestro ostentaba un futuro imposible. Ella tenía una familia tan organizada que me sentía acomplejado. Yo estaba solo y era un completo desastre, dormía donde me daba la noche y comía cuando podía, por lo que nos veíamos a escondidas de sus hermanos.

Todo ese tiempo la amé con una intensidad inconsciente, incluso olvidándome de quién era. Creo que ella también me adoraba, aunque esa maldita tarde en la que subió el río prefiriera seguir siendo una hormiga.

Antes

Foto Kerry Skarbakka
Necesito
probar tu piel..
Dormir con vos....
Hallar tus manjares.
Bailar sin disfraces….
Desayunar latidos….….
…....Encenderme cerca.
……..Resucitar perfumes.
..…….Nutrirme de calma.
………..Sentir hermosura.
...…………Jugar al placer.
...……Destripar espanto.
….. Lamer tus susurros.
…….Morder el tiempo.
…Saborear palabras.
Masticar tu abrazo.
Reírme del olvido.
Y recién después,
sólo después,
seguir este
viaje
t r a n s f o r m a d a e n n a d a

.
.
.

Ética

Solemos envenenar el agua. Ponemos de moda cadenas e instrumentos de tortura sobre las pasarelas y a algunas mujeres vendadas para que se acostumbren a ser objetos. Cenamos mirando autopsias y toda clase de destripamientos. Nos deleitan los noticieros donde haya suicidios en directo y coleccionamos fotos de todas las masacres. Vendemos niños, o los alquilamos por un módico precio. Creamos depósitos de viejos. Explotamos esclavos que ya no se llaman así, ahora son inmigrantes ilegales. Mercantilizamos órganos y experimentamos químicos novedosos con animales y personas sin recursos. Detenemos ciertas investigaciones para poder comercializar nuestros medicamentos. Desarrollamos antenas que provocan enfermedades mortales. La naturaleza nos aburre, por lo que edificamos armatostes de cemento en las costas y pistas de esquí que conviertan en rentable cualquier cima. Cercamos lagos y nos apropiamos de latifundios prometedores. Desollamos toda clase de especies, embalsamamos pájaros, colgamos trofeos de caza. Somos honestos padres de familia, amables vecinos con atuendo impecable y poco tiempo, por eso nadie sospecharía de nosotros.

*
El afiche reza: "No trates a los demás como no quieres que te traten a ti".
Texto del link (Título) : "La ética del cuidado de uno mismo como práctica de libertad". Entrevista a Michel Foucault, 1984.

Carta improbable

Las lágrimas se suicidan con cadencia cuando revivo a ese crío que me mira con tus ojos. Mi vientre está virgen de hijos y, sin embargo, ha parido en sueños muchas veces. La realidad no quiso despertarlos, es la fantasía porfiada la que no perdona.
Hace bastante que el cuerpo me pide ese acto temerario; y si bien el deseo se ha oxidado en un mar de incongruencia, porque ya no estás, de cuando en cuando la ensoñación me vuelve como una especie de virus mal curado o de implacable nube de mosquitos.
Y el enano se para frente a mí. Yo parpadeo una vez y él parpadea. Lo hago varias veces y él lo repite con gesto cómplice. No he escuchado su voz, pero sé que hay un cuestionamiento tácito en su espera, un “Cuándo me vas a hacer real”, al que no tengo respuesta. O sí, “Es cada vez más probable que eso ocurra nunca”.
Hacía tiempo que esa fantasía no tenía tu mirada negra y tus dudas. Era una especie de hijo de nadie, que se instalaba en cualquier pequeño de los que curiosean a través de las ventanas. “Pero hoy ha vuelto” pienso en voz baja para no llamarte, porque no sé cómo te las arreglás, pero algo de mis pensamientos te alerta y aparecés en el silencio de la tarde, con cualquier excusa, derribando esta puerta a ningún lugar.

Disfraz

A lo lejos, la comparsa.

¿Quién se atreve a desvestirme debajo de la máscara?
¿Quién descubre mi ausencia en esta multitud?
¿Quién asesina la mirada del que amo?
¿Quién tiene una cama roja para mi dolor?

Desfila la comparsa.

Mi vientre se desmigaja
y me nacen hijos que parecen letras.
Hoy ando disfrazada de mí.
Reina en el aire una alegría extraña,
mientras circulan maquillados
los besos difuntos.

Se va la comparsa.

Hay silencio de musas traidoras.
Y en los días desnudos,
tu olvido aún me sangra.