Caminos

Bastará una carretera desierta para que todo se transforme y el pasajero mute hasta convertirse en asfalto. O seremos eso, minúsculas entrañas en los parabrisas. Soñaremos masticados por el tiempo, como mariposas grises. Y en esas imágenes de trenes que floten, arrastrados por un río arcilloso, se nos irán los recuerdos a poblar otras vidas.
Mañana te despertarás y es probable que los sientas pegados a la sangre. Serán tuyos. Y el camino seguirá. Al fin nos detendremos en un hotel para reposar los huesos; hallaremos una cama sucia donde desmayarnos y soñar con esos ríos que arrastren cosas.
De seguro hará frío. Las lámparas desistirán mientras la noche caiga, fulminada y ciega; o cuando en la penumbra del cuarto, tu cuerpo, ya solo, rece palabras viejas.

Plan de huida

Foto Dimitri Daniloff
Y si queremos escapar de nosotros
y lo logramos

Y si necesitamos arder
y descubrimos la sangre mojada
Y si el dolor nos muerde hasta la sombra
y de la risa sólo nos quedan muelas emplomadas

Y si esta vida se extingue como especie única
y el amor es un cazador sin alma

Y si caemos bajo, más bajo que el olvido,
y aún nos acompaña, deshecha, aquella cama

Y si huir así era mentira,
y el cuerpo, animal porfiado, reclama el olor que calma

Y si la carne grita envuelta en fluidos,
y somos dos huérfanos que se abrazan

Y si ya no hay otra vez, ni existe mañana,
y dejamos por fin de amar nostalgias

Y si al llegar al punto de fuga anhelado
nos espera la Nada disfrazada

puede que lo que hayamos abandonado
no haya sido la cáscara.

Inofensiva poética

Preparados.
Cae una tempestad negra sobre el mundo.

Apunten.
La lluvia ácida cala en la piel de los ángeles.

Fuego.
y dibuja otros mundos posibles.

 

Cadáver madreselva

Foto Parke Harrison
Otra vez.

Me sacudo el dolor y tu risa, me escapo del silencio;
me disecciono las manos
y disemino esta mentira de besos.
Pero ahí está esta tristeza esperándome.
Me fagocita su olor negro.
Lloro una muerte. La piel instalada en el recuerdo.

Lloro lunares y mates. Lloro mi cuerpo vacío.
Y cuando siento que ya está, que ya basta,

que se vaya, que estoy harta, que estoy muerta:
me brotan raíces.
Soy un cadáver madreselva.

La enredadera de mi pelo escala fotos viejas
y me muestra que ya no seré la misma.
Esta dulzura absurda se derrite.

Me espera el olvido.

Y ahí voy, recorro a desgano
los senderos del miedo.
Tal vez encuentre una boca que me indique
dónde se halla el cementerio
que llevo dentro.

Fluir


Foto Dimitri Daniloff
Sabía que ese perfume era inconfundible. Aquella noche empezó a enamorarse. Las hormonas bullían y en su cuerpo se cocía a fuego lento el deseo de piel. Estaba ávido de besos y se bañó en la humedad de su boca. Esa voz le evocaba un susurro de la infancia, una conexión secreta con el juego y lo prohibido.
Hacía poco que se conocían pero él sabía que la había encontrado. Pensó que lo mejor sería dejarse llevar por su cintura, que esta lo condujese a un mundo de deleite reservado para sus manos. La suavidad de aquella noche enloqueció sus sentidos. Se convirtió en un esclavo de su pelo negro, de la textura de sus dientes.
A partir de aquello su vida anterior le pareció mediocre y despreciable. Dejó su casa, modificó su nombre. Cambió de marca de shampoo y hasta de amigos. Pero el espejo, imagen del hastío antiguo, se había convertido en su peor enemigo y por ello lo evitaba. Se decía "He mejorado" y pasaba los días escapándose porque era la única manera de mantener su farsa.
Hasta que después de un tiempo vio el reflejo de ambos y se asustó, sus sentidos le habían jugado una mala pasada. Ella poseía una naturaleza peculiar. Y en su pecho ya habían asomado escamas verdes. Tenía los ojos rojos y desorbitados. Por fin su pesadilla se había cumplido, ahora era otro.