Bastará una carretera desierta para que todo se transforme y el pasajero mute hasta convertirse en asfalto. O seremos eso, minúsculas entrañas en los parabrisas. Soñaremos masticados por el tiempo, como mariposas grises. Y en esas imágenes de trenes que floten, arrastrados por un río arcilloso, se nos irán los recuerdos a poblar otras vidas.
Mañana te despertarás y es probable que los sientas pegados a la sangre. Serán tuyos. Y el camino seguirá. Al fin nos detendremos en un hotel para reposar los huesos; hallaremos una cama sucia donde desmayarnos y soñar con esos ríos que arrastren cosas. De seguro hará frío. Las lámparas desistirán mientras la noche caiga, fulminada y ciega; o cuando en la penumbra del cuarto, tu cuerpo, ya solo, rece palabras viejas.



