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Autoconsumo y reciclaje

La narradora de esta historia no recuerda si lo leyó o se lo contaron. En una escuela, en medio de la clase, un maestro les mostró dos fotografías a sus alumnos. La primera era de un hombre negro. En la segunda se veía a un hombre de piel blanca y mirada angelical. Les explicó que uno de ellos era un asesino genocida y el otro un defensor de los derechos humanos. A continuación, el docente los animó a que adivinaran cuál era cuál. La mayoría, sin dudarlo, señaló al hombre negro como el asesino. El primero era Martin Luther King. El otro, Alfredo Astiz.
Nuestra mirada nos traiciona. Como esclavos de la desinformación, nos llenamos de prejuicios falsos, nos vaciamos de sentido. Somos objetos, humillados por una maquinaria que nos dicta qué es el "bienestar". Sin embargo algo no funciona. La plenitud debe ser otra cosa, sopesamos mientras el verdugo se acerca a vendérnosla en cuotas. El sistema sigue exterminado a los que le sobran y persiguiendo a quienes no se resignan a dejar de ser personas.
Por eso existe una palabra terrorista por excelencia: conciencia. Y tienen razón, atenta contra los intereses de los productores de miseria. Es peligrosa para quienes nos invitan a consumir-nos, calladitos, no vaya a ser que molestemos al horror.

Ética

Solemos envenenar el agua. Ponemos de moda cadenas e instrumentos de tortura sobre las pasarelas y a algunas mujeres vendadas para que se acostumbren a ser objetos. Cenamos mirando autopsias y toda clase de destripamientos. Nos deleitan los noticieros donde haya suicidios en directo y coleccionamos fotos de todas las masacres. Vendemos niños, o los alquilamos por un módico precio. Creamos depósitos de viejos. Explotamos esclavos que ya no se llaman así, ahora son inmigrantes ilegales. Mercantilizamos órganos y experimentamos químicos novedosos con animales y personas sin recursos. Detenemos ciertas investigaciones para poder comercializar nuestros medicamentos. Desarrollamos antenas que provocan enfermedades mortales. La naturaleza nos aburre, por lo que edificamos armatostes de cemento en las costas y pistas de esquí que conviertan en rentable cualquier cima. Cercamos lagos y nos apropiamos de latifundios prometedores. Desollamos toda clase de especies, embalsamamos pájaros, colgamos trofeos de caza. Somos honestos padres de familia, amables vecinos con atuendo impecable y poco tiempo, por eso nadie sospecharía de nosotros.

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El afiche reza: "No trates a los demás como no quieres que te traten a ti".
Texto del link (Título) : "La ética del cuidado de uno mismo como práctica de libertad". Entrevista a Michel Foucault, 1984.
Elaborás con cuidado tu lista de regalos:
* Para tía Pepa, un consolador insatisfecho.
* Para mamá, simulacros de felicidad.
* Para los hermanos, una humareda de ideas.
* Para el primo, un Jesucristo superstar, de esos nuevos.
* Para los niños, polución de plástico que no lleve pilas (pueden resultar peligrosas).
* Para los amigos, desenfreno etílico que cure heridas; multitud, soledad.

Abandonás el inventario de Noche Buena, te instalás en el sillón. Te preguntás qué será un “mundo ecuánime”, si se comprará por internet.
Mientras tanto, la tele monologa deseándote un feliz consumismo y deuda nueva. Sentís de repente una especie de cansancio, un arrebato. Te descubrís estafado, hoy tenés el cuerpo vacío de abrazos.
Pero ánimo, dos aspirinas y estás como nuevo. Feliz navidad.

Menos veintiún gramos

¿Somos un cúmulo de uñas? ¿Una montaña de pelo? ¿Un trozo de carne? ¿En qué nos convierte la ausencia de los lugares amados? ¿Quién salvará los besos que dimos, los fluidos nocturnos, los amaneceres de verano en los que yacíamos desnudos? ¿Qué clase de monstruos seremos al olvidar ese perfume? ¿Qué será verdad luego de mentirnos tanto? ¿Sabremos escaparnos de nuestra propia trampa? ¿Seremos capaces de sentirnos vivos entre cadáveres de días? ¿Quién dormirá por nosotros junto al cuerpo amado? ¿Qué sentido tiene la boca sin el deseo de besos? ¿De qué color es esta luz negra que muerde dentro? ¿Se puede abandonar el sabor de una piel? ¿Qué ocurrirá cuando terminen de devorarnos, de consumirnos, de distraernos, de ocupar nuestro tiempo? ¿De qué material estaremos hechos cuando nos convirtamos en todo aquello que odiamos?

Precipitarse

Las 3 musas te dan la bienvenida a esta fiesta vital, ahora decime ¿quién te mandó a meter las narices en esto?
Algunos le atribuyen la culpa a Satanás, otros a la química, el destino o incluso el mal de ojo. Lo cierto es que estás aquí por un corto período de tiempo, transformado en esta peculiar máquina que se empeñan en llamar humana.
Y desde ese encierro escribís, tal vez solo para liberarte del pegote del hoy. Te desesperás por alguna pócima que te cure el escozor, pero es inútil, ya lo entendiste. Al mirarte en el espejo no encontrás más que a un extraño zurcido a tu voz, a una mascota que envejece y duele; que reclama, reprime y revienta, solo es cuestión de tiempo.
Pero por suerte siempre te quedarán los segundos de vacío antes de llegar. Y quizá entonces, en el instante previo a estrellar el ego, te den la bienvenida a tu verdadero circo ¿O preferís no enterarte nunca?
No más depilación para la mujer barbuda. Que comience la función.