Las Tres Musas -LIBRO BLOG-

Poesía e imágenes que muerden (Actualizado entre 2005 - 2008 Textos de Marcela Sabbatiello, derechos reservados)

viernes

Prólogo Final

Todo termina y este espacio no es la excepción. A partir de hoy, Las Tres Musas conforma un libro blog escrito entre 2005 y 2008.

Los 99 post de este espacio son capaces de despertar emociones de todo tipo. Dedico Tres Musas a mis abuelas, que han contribuido por diferentes razones a mi camino en la literatura.

Los peregrinos de la red hallarán aquí un refugio particular: de esos que no dan tregua, así que no se confíen. Los lectores habituales –con plena autoridad– serán los encargados de realizar el verdadero prólogo de este libro blog en sus comentarios.

Para el que quiera seguir mi huella: estoy en malditas musas.

Gracias por todo
Musa Rella

Aptitud

El día que descubrió que su vida era la más miserable de todas, se sintió feliz: al fin destacaba en algo.

Sus enemigos lo adoraban por ser un adversario ideal, siempre abatido a priori, y tenía admiradores incontables, medios de comunicación de prestigio que lo requerían en sus reportajes y muchachas de toda etnia cautivadas por su pena superlativa.

Pero nada podía entorpecer su menester, sería su -triste- récord el que evitara que fuese uno cualquiera para la Historia del mundo.

Y dolió como el que más, pero llegó –como suele ocurrir en estos casos- el amor a arruinarle el talento.



A Maria José, que acompañó día a día mi -insufrible- bucólica con su coartada.

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Anzuelos

Hechos.
“Las sirenas no existen”, murmuran los peces.
Ella tiene la boca llena de dientes de tiburón
y oye agazapada sin engullirlos.

Soledad.
Perpleja, ve pasar olas.
En el fondo está harta de no poder morirse.
Respira la superficie del tiempo;
inhala lento y profundo, pero no desfallece.
Ha acudido a los barcos pesqueros,
mas estos se niegan a envasarla.

Canto.
La Dulcinea del agua vegeta en su belleza inútil.
Junta coraje y muerde otra vez el anzuelo.
En la superficie los pescadores la increpan
“para usted, no hay butaca”.

Sal.
Se sabe híbrido marino.
Hoy también regresa lacerada,
su cuerpo mancha el desierto del agua.

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Retrato

Era cabeza dura. “No te subas ¡Te vas a caer!” Y se caía, nomás. “No escribas las paredes con crayón” Y aparecía un retrato familiar en la entrada de su casa materna. No lo hacía adrede, más bien era un militante involuntario de lo indebido.
Así creció, sin pedirle permiso a nadie para experimentar. Fue al colegio disfrazado de chica; entró a la piscina vestido con ropa de su padrastro; se hizo pasar por instructor de trapecio y faltó a su propia boda, alegando tener demasiados compromisos para asistir.
Sebastián era peculiar y disfrutaba con ello. Ya era adulto cuando estudiaba Licenciatura en Arte en la Universidad de Bologna. Y ahí andaba la última vez que lo vi, como crítico experto despreciando lo que otros alababan, porque decía “alguien tenía que hacerlo”.

A Pache, con cariño.

Nota especial

Recomiendo este artículo sobre el poeta Ferreira Gullar y su poesía sucia.

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Apología de la pérdida

Dios… es la primera vez que amanezco sin la de antes ¿Dónde estaré? A ver debajo de la cama… no. En el cesto de la ropa sucia… tampoco. Ya sé, me debo haber olvidado en el horno… no hay nada. Caray.
Bueno, tranquila. Inventario de este yo nuevo: ojos uno; dos bocas; veintiún uñas; libertad; cientos de muelas; varios brazos; intuición; algunas piernas; vergüenza…
Unos mates amargos… ah, que ahora me gustan con miel. Le convido al que está al lado… pero no toma. Voy al trabajo… les explico que soy yo aunque sea otra -a ver quién lo entiende-. Vuelvo a casa… cierto, no vivo más ahí.
Camino. Los recuerdos nuevos son esqueletos quiméricos. Las calles parecen recién estrenadas, la lluvia ya ha cesado. ¿Dónde estará el yo viejo? No dejo de pensar en él -el maldito antes y su dulzor rancio-.
BASTA. Me prometo “Si parás de moquear, vamos a tomar un chocolate con churros”. Esquivo las baldosas flojas. Por el suelo hay fragmentos de muñeca. Las esquinas huelen a fritura y a cacao enajenado, y siento una nostalgia rara. Pronto otra se despertará sin mí.

Nota especial

Me he encontrado con este regalo en la red. Qué decir? Mil gracias, Vicente on the road (me he ruborizado).

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Sin palabras

Apártese, hágame un lugarcito. Yo sé que el infierno no es el mejor sitio para refugiarse de la lluvia, pero no vengo aquí por vicio sino por falta de imaginación.
Hoy no voy a hablarle de amores perrunos. Tampoco encontrará en este espacio versos lascivos o personajes que se devoren el cuerpo y la soledad. No. Hoy llueve a baldes y las palabras están como locas saltando charcos; se divierten con gerundios impresentables, adjetivos a mansalva y faltas de ortografía. Son unas desfachatadas, si viera cómo juegan bajo la lluvia -se retuercen, cantan, se desnudan, se revuelcan, gritan-. Y me dieron instrucciones precisas: si preguntan por ellas debo realizar un gesto obsceno que no voy a reproducir por decencia (no insista).
El caso es que nos hemos quedado solos. Estas no volverán a tristear de la manera en que solían hacerlo. Y ahora hasta se cag.. en los amores no correspondidos, fíjese qué descaro. Y en el pasado también. Pero no se preocupe… ya parará la lluvia y ahí las quiero ver a estas palabras, el viernes que viene: cansadas y mansitas, las quiero ver…

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Final

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Otra
estación sin vos.
Te busco bajo las sábanas.
Un fantasma caduco se burla de mí.
Tu cara disuelta ya no es la misma.
El incipiente frío
te sorprende en la humedad de otra piel.

Estoy cansada de las tardes que no vuelven.
Transita mis venas una sangre enfurecida.

Hoy regalo recuerdos: usados, bien cuidados.
Tengo una habitación llena de caricias obsoletas,
de éxtasis nocturnos e hijos no nacidos.

Ya no soporto este dolor en los párpados.
Son espinas bellísimas, días malditos
que te extrañan y muerden el reloj.

Necesito mis piernas para escapar.
Hoy tengo un pálpito:
sospecho que estas cosquillas,
curiosidad de otro cuerpo,
son una puerta,
y no volveré
a tu espanto
nunca
más
.


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Rendija

La mujer está aterrada, ha descubierto que está rota. Sus entrañas se hallan cerca del mundo y eso es difícil de soportar. A ella le gustaría tener uñas entre las piernas para defenderse, mas la violencia de su sangre es inerme.
Fantasea con ser una espía de sí misma y esconderse en su propio cuerpo, indagar la belleza muda de quienes la acompañan en la cama y el sueño. Pero es torpe y la acomete un ataque de hipo cada vez que pretende pasar inadvertida. Sin querer, su semblante avisa de éxtasis y desolaciones.
A veces el orgasmo se la lleva a pasear un rato, la arranca de sí. Luego regresa a su piel -satisfecha, luminosa- y siente como si un frío se colara por las ventanas. Observa alrededor: está todo cerrado y él duerme ceñido a su talle. Se descubre viva en ese escalofrío. Y como quien reza a un Dios sordo, comprende el para qué.


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Conversación robada

Están sentados a la mesa de un bar. Con la cara luminosa, él murmura
“¿Te dije cuánto me gustás? Siento que sos una persona maravillosa. Desde que te encontré ocupás un sitio importante en mi cabeza. ¿Existís de verdad o sos una fantasía mía? Que no te conozco tanto, decís. Es cierto, sin embargo no me hace falta. Te he espiado estos meses…tu día a día. Sé todo sobre vos. Además tu piel fue un descubrimiento hermoso: tu forma de abrazar, tu perfume. No te rías, de verdad. Algo tuyo me hace bien. Es una lástima que quiera a otra persona”.
Ella baja la vista, se busca en el reflejo del vaso. Hoy conoce el sabor de ese vacío.

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Piedra libre

Cuando me di cuenta de lo que pasaba tuve miedo. Todos sentenciaron “está loca” amparados en sus cárceles de cemento. Engrosaron los barrotes, cerraron las ventanas y desaparecieron. Afuera quedamos mis recuerdos y yo como perros bajo la tormenta.
Acostumbrada a la soledad, caminé hasta la estación. Una risa antigua me creció desde los pies, burlándose del dolor. Las carcajadas retumbaban en la ciudad desierta. Me subí al primer tren que pasó y busqué la ventanilla. A través del cristal sucio contemplé mil formas, edades, colores. Un vértigo de casas humildes, revoltijo de coches, chatarreros, animales heridos, ríos secos. A medida que me alejaba se hacía de noche. Tuve un presentimiento y me bajé en un descampado. Oí ruidos. Tras un matorral pretérito, una nena jugaba a las escondidas.
Desde que hallé mis ocho años juego a vivir: aunque me descubran, aunque a veces pierda.


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jueves

Origen

Llegó a su casa y colgó el abrigo. Se quitó la corbata y los zapatos. Comenzó a desnudarse: primero la camisa, los pantalones, la ropa interior. Se rasuró el cabello y la barba. Afeitó con cuidado el pelo del pubis y del pecho. Se arrancó las uñas, luego la piel y los dientes. Los órganos se desprendían con facilidad de la carne, excepto los pulmones que debió forzarlos. De haber tenido boca se habría bebido su sangre porque tenía sed. Sólo le quedaban los ojos y las manos, que como títeres colgaban de la gran mancha púrpura. Colocó las tripas a un costado y se observó -ya sin cuerpo- en el espejo del cuarto. Esa noche se acurrucó en la cama y, después de flotar en un líquido baboso, naciò.

Dedicado a mis tertulianos, compañeros de partos imprescindibles.


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viernes

Animal de ciudad


“Las palomas son asquerosas” masculló mientras cruzaba la plaza. Tenía la boca helada de tanto beso ausente. En los pies, los zapatos gastados se hacían tétrica compañía. “Mi vida es una mierda”, volvió a proferir para sí, como si la piel fuese un confesionario. Se sentó en un banco. Alrededor había botellas rotas y alguna que otra mancha de orín. Sintió asco. “Me iría de aquí”, amenazó a la noche en voz alta. Pero nada pasaba. Alrededor las luces hediondas se reían de él. Sabía que le quedaba poco tiempo, tal vez menos del que suponía. Pero la sangre se le había impregnado con el perfume de aquella mujer y no había dios que le quitara la soledad de encima. Su traje estaba gris y se recostó acurrucando las piernas contra el pecho dolido. “Mañana será otro día”, se mintió. Y una vez dormido, de su cuerpo le brotaron dos alas mugrientas.

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Gastroanatomía

Hay besos crudos.
Una piel entibia mi sombra.
Estamos solos.
Por fin.
Mi sangre se desviste.
Tu boca mastica el perfume.
Ella sabe de deleites.
Saborea mi nostalgia
hasta estallar en lo oscuro.
Mis ojos te muerden.
Tu suavidad es mía.
Esta noche hay
una falsa muerte
que espera entre las sábanas.
Me dejo ir.
Mis manos tienen sabor a vos.
Y al despellejar el milagro
la tristeza bufa.

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Migración

Estas palabras rojas lamen tus ojos, mi sangre busca la cadencia de tus venas. Sin embargo casi he dejado de existir, de la que fui no queda más que este desgarro. Dentro de mí hay una torpe inquilina; mi esencia es un criadero de polillas y los recuerdos huyen para no ser engullidos.
¿Cómo decirte que tu voz aún me falta cada tarde, que la distancia a tu piel me resulta insoportable y la noche tiene tu nuca? Este mensaje absurdo no encontrará jamás la textura de tu cuerpo. Sobre el papel mis dedos gritan buscando tu temperatura.
Ahora un perro rabioso me devora las entrañas. El animal mastica esta hermosura negra, una belleza podrida que es ahora de nadie. Mientras se disuelve mi memoria, el vacío me besa con tu boca. Luego los insectos voraces podrán migrar hacia otros muertos.


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Círculos

El día en que esa mujer entró al consultorio se acabó todo. Mi esposa era una excusa para no acercarme a su oído y susurrarle “algo tuyo me vuelve loco”.
No me atreví a tanto y esa noche regresé a casa con un cansancio extraño. En mi cabeza se representaba la imagen de su vestido, la música de sus pies deslizándose por el suelo de madera. Y la imaginé desnuda hasta agotar los modos de poseerla.
En casa esperaba Laura como todos los días. Apenas me recibió supe que había tenido un mal día. Los niños gritaban en la habitación contigua y percibí que era el momento de entrar, acariciarles el pelo y tranquilizar esos juegos salvajes. Así lo hice. Atravesé el pasillo mientras Laura relataba su jornada cual cronista que comenta la jugada decisiva, el momento culminante en el que el delantero trastabilla y asume la derrota de todo el equipo. Monologaba mientras recogía ropa. Me sentí aliviado de que no reparara en mí.
Mientras veía jugar a mis hijos sentí bronca. Maldito alarido íntimo. Quise volver a vivir con naturalidad la indiferencia de Laura y contemplar el paso del tiempo sin sobresaltos. Ya había comprendido que eso no era posible cuando Laura se insinuó semidesnuda y se recostó a mi lado. Yo quería dormirme, sentía la sangre amarga y lenta. Puso su mano en mi vientre, me acarició el pecho, acercó su boca a la mía hasta que anuncié “Mañana me voy”. “¿Más trabajo fuera?” me preguntó en un tono rutinario, pero con una inusual fortaleza respondí: “No. Ya no vuelvo”. Me miró con horror. Hubo un silencio largo y a la mañana siguiente cumplí mi promesa.
Llegué al trabajo algo confuso. Esa misma tarde atravesó la puerta del consultorio la mujer del día anterior. Estaba visiblemente triste. Me acerqué despacio, me animé a colocar mi mano sobre su hombro y entonces me lo confesó: su marido se había ido de casa. Tomamos un café y le pregunté su nombre. “Laura es un bonito nombre” proferí, mientras su piel resplandecía bajo la blusa.

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Ojales


Quiero escribirte y encuentro pezones.
Botones desactivados.
Botones desabrochados.
Botones que arrastran
maletas y recuerdos.

Hay avenidas que palpitan,
venas que gritan incrustadas en mi carne,
mientras escucho que te vas
hacia otra vida, otra ciudad y otra mujer.

Esta tristeza se reinventa en círculo.
Construyo ventanas
por las que arrojarme al mundo
para acabar con el propio de una vez.
No lo consigo.

Me faltará tu piel
en cada cama que halle desnuda.
Nada habrá cambiado en realidad.
Seguiré deseando tenerte cerca.
Maldeciré esta dulzura horrible
que mastica mis horas.

Pezones desabrochados
en mi cuerpo,
botones de costurera manca.
Y al fin encuentro las palabras:
Adiós. Buen viaje.
Ojalá exista un cielo
para esas tardes juntos.

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Juguete muerto


Ese día empecé a sospecharlo. Un beso profiláctico me había despertado. Era ella. Su lengua de plástico recorrió mi cuello. Un estremecimiento de nylon y un “buenos días” me devolvieron a este mundo. Me miré las manos impecables, las uñas siempre cortadas con exactitud cirujana; sentí la mirada inalterable, la boca seca. “¿Qué hora es?” le pregunté somnoliento, “Demasiado tarde” balbuceó y se recostó a mi lado. Permanecimos inmóviles viendo el reloj y descubrimos que estábamos hechos del mismo material. “¿Funcionas aún?” dije, rompiendo el silencio. “Creo que sí ¿Quieres probarme?” y nos enredamos en esa comprobación. En su pecho algo quería estallar. Un Tic-Tac ensordecedor me temblaba a mí también. Su mirada vidriosa estaba a punto de romperse, su figura se contorsionaba sin espasmos bajo mi cuerpo. “Siento que ya no”, sentencié. Ella se puso triste. Encendí un cigarrillo. Nos miramos con miedo. Me abrazó. Antes de cerrar la puerta, dejó en las sábanas su perfume de muñeca nueva. Fui hasta el espejo y ahí la vi. En mi frente podía leerse la maldita fecha de caducidad.

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El vuelo

Él me acaricia. Una suavidad exquisita desata mi piel. Me refugio allí, mi boca se agita. Las palabras callan, al fin se callan. Sólo se escucha un rugido de tripas sobre la cama deshecha. El dolor viaja hacia un continente que no existe, lleva su maleta cargada de domingos. Me pierdo en su perfume. Dejo que me invada, que mastique mi soledad hasta desnudarme entera. El deseo me estruja de dientes el alma y la risa rebota contra las paredes quietas. Mis manos juegan sobre su espalda y descubro a esa mujer que no ha muerto. El sudor tiñe de sábanas la espera; se escuchan sonidos guturales que festejan el cuerpo. Mientras tanto, afuera la sombra deviene silencio. Aquí mi boca recorre esta dulzura nueva, acepta gozosa la invitación al otro. Sus brazos comprimen mis miedos; una nariz aspira mi nuca y se abre paso por mi pelo. Esta penumbra está llena de caricias: no sé de dónde vienen, desfilan en secreto por mi cuerpo. Un ahora pequeñito combate con la lengua los cadáveres del tiempo. Sin querer, me quedo dormida y amanece. Un barrilete rojo me sueña dentro.
*
*
*
Nota: curiosidades y musas multiplicadas
¿Esto es plagio o sólo es falta de conocimiento sobre cómo colocar un link?
"Compartir" significa etimológicamente "partir el pan": es eso lo que se busca en las3musas. Agradeceré que se reconozca el trabajo que hay en los textos con una simple mención a su fuente.

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Evocación del otro

Hoy hace un año que murió mi yo. Era uno pequeñito que llevaba en la sangre. A menudo lo extraño, aunque reconozco que andar sin mí me produce cierto alivio. Es contradictorio. Será que en el fondo no puedo acostumbrarme a una piel que se ha exiliado de sí misma.
Sé que hay gente que exhibe su vacío con orgullo, que ha dejado su yo pasado atrás. Pero en mi caso siento nostalgia de la risa antigua, del sabor de mi casa, de las luces estalladas por la lluvia y los domingos en que otros ojos, ya no estos, miraban el mundo sin pesadillas.
Era un yo algo atropellado, celoso e impredecible, pero sabía volar con todo el cuerpo. A veces me pregunto si encontraré otro parecido. No es que el que me habita ahora me parezca despreciable, lo que ocurre es que el otro había compartido conmigo los juegos de la infancia y echo en falta sus aromas. Era un yo más gozoso que se estremecía con facilidad; este es sensato y lo calcula todo, como un gran matemático de las caricias.
Hoy me he despertado añorando al yo que se desnudaba sin hacer preguntas. El mismo que esa última tarde apretó los dientes y te dejó ir.

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Delicatessen

Querido blogvidente, hoy en las musas llevaremos a cabo una receta muy especial, a pedido del exigente público que nos visita. Tome nota porque en esta ocasión necesitaremos:

* Años de vida junto a alguien.... algunos
* Bol……………………….................. uno
* Huevos……………….................... un par
* Leche de buena calidad.... 1L buena leche
* Entereza………………………....... una pizca
* Amante......…………………......… uno/a

Comience por poner todos los años en el bol: vaya agregando de a poco los viajes compartidos, amigos en común, divertidas tardes y charlas apasionadas en la intimidad. Ponga el par de huevos (y si no le quedan: ovarios, que para el caso es lo mismo). Deshaga todo muy bien para que no se le hagan grumos (no se confíe, que el amor es duro de roer), hasta que quede bien negado. Una vez mezclado (su olfato le dirá que ha valido la pena lo vivido, mas no se asuste), es el momento de volcar la (buena) leche: pero en el suelo, no en el preparado! Y cuidado con esto último que es un detalle muy importante.
Ha llegado el momento de buscar la ayuda de un amante (trate de que sea de buena calidad, en lo posible). Embadurne con excremento de perro un molde, el más feo y sucio que encuentre (si tiene alguna cucaracha mucho mejor, que tenga sustancia). Vuelque el preparado de recuerdos en él con ayuda de su colaborador/a. Este es el momento más difícil, ahora necesitará la entereza. Introduzca el molde en el horno. Que su ayudante tienda el mantel (o las sábanas). Una vez haya pasado tres horas a máxima temperatura, saque el (ya asqueroso) preparado, resérvese una parte y tírelo a la basura, sintiendo con placer cómo le sube la náusea a la garganta. Después de haber probado el primero: le aseguro que cualquier vida que tenga le parecerá el paraíso. Y agradecerá el olvido.


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Amores difíciles

Estaba harto y no te dabas cuenta. Corría tras la bola todo el día como un miserable. “Qué hermoso que está Panchito ¿qué alimento balanceado le das? A ver si una tarde de estas lo cruzamos con mi pekinés”. Guácala. Profundo asco me dabas regodeándote con las palabras de la vieja del quinto. Yo meaba su alfombra cada vez que se daba la oportunidad, acaso ¿qué otro poder de venganza me ha sido otorgado más que esa necesidad fisiológica? “No pasa nada, ya lo limpio yo”. Y te morías de vergüenza, pero sabías que hubiese hecho cualquier cosa con tal de no rozarle la correa a esa perra espantosa.
Nunca pensaste en mí. Qué culpa tengo yo de haberme enamorado de la veterinaria. Y no me repitas que no era de mi especie ¿qué más da? Acaso ese fantoche que te frecuentaba y que parecía de la tuya, ¿lo era? Y si lo era, ¿por qué llorabas así el otro día en el salón? Y yo fui a consolarte, te llevé esa bolita ridícula que tanto te gusta y te lamí la mano por compasión, sólo por compasión.
No puedo olvidar aquella tarde horrible. El olor a desinfectante, esa sala fría donde estaba ella esperándome con el bisturí. Enseguida olí el vestido que se dejaba entrever debajo de la bata y me excité. Tuve un presentimiento extraño. Estaba preciosa y sus dedos se acercaron a mí, me dejé acariciar. Hasta que te enumeró las ventajas “…reduce las montas no deseadas, el marcaje incontrolado con orina y la agresividad frente a otros perros”. Entonces pensé clavarle los dientes, hacer sangrar sus manos de muñeca infame, pisotearla, huir. Pero cual idiota, digno de tu especie, permanecí subyugado mientras el filo se ahondaba en mi descendencia para siempre.

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Invención


Cierro los ojos, me retuerzo en lo negro.
Soy prisión de mí.
El recuerdo de tus uñas
despedaza mi espalda.
Tengo cuatro mil mañanas por olvidar
y pronto he de quedar vacía sin tu abrazo.

Mientras tanto
a este cadáver que grita lo llaman pasado.
Yo soy solo su voz quejumbrosa,
sin tu respiración me duele hasta el espanto.

Hoy me extirparía la piel.
Borraría tu perfume de mi sexo;
limpiaría la sangre que te nombra,
despellejando cada palabra viva
boca a boca.

Y cuando no quedara nada de tu rastro insolente,
cuando tu risa fuera similar a otros cientos
y no tuviera que arrancarme los ojos
por no verte:
te inventaría dormido, con esa niñez antigua,
casi idéntico.

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Éxtasis

He muerto dos veces, ha ocurrido sin querer. Recuerdo que apagué la luz y te besé despacio. Transité tu piel, me bebí tu cuerpo crudo. Estaba desnuda y tenía miedo. La sangre se amotinó, me nacieron pájaros de los pies y ocurrió lo esperado: la vida fue ese gato ciego que gimió en la ventana.
Un momento después, todo fue silencio. Dibujé con la lengua un adiós bajo las sábanas. Me despedí sin manos, sin pañuelos ni lágrimas. Cerré los ojos cerca de tu risa húmeda. Era un “hasta luego”, pero no sé qué viento infame me empujó a saltar lejos. Amanecí en esta cama y no ha habido noche desde entonces sin tu boca, nunca más.


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Pesadilla de un gótico

Desde el momento en que la conocí se apoderó de mí esa ingenua epidemia: comencé a soñar con hijos y una casa con jardín.
No crean que emocionarme con las canciones de moda significara motivo de gracia alguno, el hecho había llegado a preocuparme. Me percaté de que, poco a poco, la situación se agravaba. Hasta conseguí escribir la palabra “crepúsculo” sin que ello me produjera rechazo.
Los domingos a la tarde me daba por recitar poesía. Almorzaba con líneas de Antonio Machado en la boca. Los versos del capitán de Neruda me acosaban los días de lluvia. Al lavarme los dientes, me brotaba un Romancero Gitano del estómago. Solía encontrar a los poetas de Portugal de Gelman, desparramados en mi cama con una naturalidad indignante.
De pronto, bailar con la ropa tendida se había convertido en una experiencia semanal. Las camisas flameaban entre giros y se liberaban de sus broches de madera, hasta yacer revolcadas por el suelo. Mis vecinos estaban turbados. La señora del perro raro tironeaba la correa con nerviosismo por creerme un espécimen peligroso.
No había duda, me había convertido en un ser enamorado con seria propensión a los adornos de cristal y a las flores de plástico. Empezaban a dibujarse en mi mente corazones y toda suerte de elementos primaverales.
Sin embargo, yo había sido precavido. En ese caso, les había dejado a mis amigos claras instrucciones de envenenamiento. Por eso, cuando Eleonora se acercó con la taza de té no tuve dudas. Lo que no supuse es que se la bebería ella misma, después de confesarme entre sollozos que era demasiado tarde, que ya me amaba.
.
Gracias al Arcángel porque sus textos siempre (me) disparan.

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Revelación

En el sueño que tuve me precipitaba al vacío. He amanecido sobre un colchón blanco con algunos moretones.
¿Dónde estuve? No lo sé, pero viajé toda la noche y me siento agotada. A mi lado una sombra me da los buenos días, yo que creía que la había dejado. “Qué incómoda es tu maleta” me susurra en tono de burla, al oído. Escapo de su lado.
Hoy tengo gusto a fantasma en la boca y en el espejo mis propios dientes se ríen de mí por considerarme inofensiva.
En el café con leche leo las noticias del día. ¿Es posible leer el líquido y beberse el periódico? No lo tengo claro, sin embargo ahora mismo ese es un detalle sin importancia.
Afuera el mundo se desmorona con dignidad grisácea. Hay voces que discuten, pájaros que emiten gritos desde sus jaulas de óxido y perros rebeldes atropellados por coches. A través de las ventanas las calles son estrechas y dan la sensación de ser meros pasillos.
He venido hasta aquí para que alguien me revele a qué especie pertenezco. Pero esta mañana de domingo el timbre está mudo, así que dejaré la ventana abierta por si ocurriese algún milagro antes del salto final.

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Musaraña

Cuando me despierta este aullido, saboreo el infierno. El vacío me despedaza el cuerpo.
Todavía me parece una invención tu ausencia. Reconozco la sombra que impregna las paredes y siento una piel ajena que me pesa sobre los huesos. Me tropiezo con tu voz mientras tu nariz estornuda en la sala. Compruebo también que te has olvidado la risa en un cajón. Encuentro tus pies al ponerme los zapatos. Me muerdo tus uñas con tus dientes y me pregunto cómo diablos te arranco de mí.
La receta del olvido es a veces amarga. Al hacer el amor, se me escapan gemidos de tus entrañas negras. Desayuno con fantasmas y los beso con tu boca. Aunque no te nombre jamás, te convido mate y me duelen tus muelas, mientras el noticiero de las siete exhibe los lugares dónde no estás.
Pero hoy, querido espectro, he venido a despedirme. La casa donde nos amamos quedará sin mi ropa, se desnudará de mí. Lentamente, también se vaciará la que fue nuestra cama. Y por fin, no sin tristeza, habré sacrificado al animal acorralado que me sangra.

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Fuga

Se fue sin maletas. Huyó de ella como del infierno, ya no volvería. Llevaba a cuestas una soledad lastimosa. Se sabía su piel a la perfección, la conocía más que a la propia. Más de cuatro mil quinientas noches abrazando su cuerpo en la oscuridad del cuarto. Había probado sus lágrimas, se había bebido su sangre dulce a pequeños sorbos. Ya sólo quedaba masticar con desidia los días junto a ella, y se negó a eso. Sus besos se le habían clavado como agujas en la boca. La extrañaba hasta con los dientes. Las piernas se resistían a caminar con más velocidad, a alejarse de la voz que lo había renacido de tantas derrotas. El pecho se le rebelaba también con cada paso; sentía un sopor extraño, como si un golpe lo castigara por dentro. Era la primera vez que ella no lo acompañaba en su huída. Le dolía irse así, pero lo invadió el terror. Una maldita certeza lo había atormentado: pronto dejarían de amarse. Y de ocurrir aquello, no sabría vivir sin llevarla dentro.


Dedicado a mi amigo Ezequiel, que siempre se está yendo y, sin embargo, se queda en todas partes.

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Osadía


Si hoy por fin decidís
llegar, verme, abrazar, calmarme,
sentir, besar, morderme, arrasarme:
tendré que rescatarte de esa pena que te ronda;
acariciarte con cadencia y nacer en tu boca.

No hay más remedio.
Como extraño homenaje,
pronto el ladrido de los perros
devorará salvaje nuestra sangre.
Y aunque el dolor espere fuera,
que los orgasmos vagabundos
hoy nos vean partir y se conmuevan.
Que tu piel me tiemble hasta estallar,
aunque cumpla su amenaza ese olvido que te nombra.

Porque si es verdad,
si las entrañas amadas se extinguen dolorosas:
gozados por lo muerto, alegres como críos,
no habremos sido sólo carne o sombra.


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Autoconsumo y reciclaje

La narradora de esta historia no recuerda si lo leyó o se lo contaron. En una escuela, en medio de la clase, un maestro les mostró dos fotografías a sus alumnos. La primera era de un hombre negro. En la segunda se veía a un hombre de piel blanca y mirada angelical. Les explicó que uno de ellos era un asesino genocida y el otro un defensor de los derechos humanos. A continuación, el docente los animó a que adivinaran cuál era cuál. La mayoría, sin dudarlo, señaló al hombre negro como el asesino. El primero era Martin Luther King. El otro, Alfredo Astiz.
Nuestra mirada nos traiciona. Como esclavos de la desinformación, nos llenamos de prejuicios falsos, nos vaciamos de sentido. Somos objetos, humillados por una maquinaria que nos dicta qué es el "bienestar". Sin embargo algo no funciona. La plenitud debe ser otra cosa, sopesamos mientras el verdugo se acerca a vendérnosla en cuotas. El sistema sigue exterminado a los que le sobran y persiguiendo a quienes no se resignan a dejar de ser personas.
Por eso existe una palabra terrorista por excelencia: conciencia. Y tienen razón, atenta contra los intereses de los productores de miseria. Es peligrosa para quienes nos invitan a consumir-nos, calladitos, no vaya a ser que molestemos al horror.

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martes

Naturaleza

Nadie me había advertido para qué usabas los dientes cuando no te reías. Debí haberme dado cuenta la última vez que le pediste al dentista que te los afilara.

Ese último día te habías despertado especialmente de mal humor. “¿Querés un mate?” Te convidé sin obtener respuesta alguna. Recuerdo que te bañaste en el río como era habitual, te secaste al sol y luego te perdiste en la selva húmeda. Tu semblante relucía de forma especial, no pensé que fuera por el deseo que te invadía.

Siempre sentiste devoción por la belleza extraña, de hecho yo pertenecía a esa especie. Sin embargo te habías hartado de mí sin decir una palabra. Los mismos ojos pardos de todos los días, la misma piel y temas de siempre, y quizá idéntica soledad. Habrás sentido que era hora de mudar de aires. Qué mejor que reverdecer las escamas con una caricia distinta, en el fondo era lógico que buscaras una amante.

Y si bien nunca me cansó tu mirada negra, entendí que tuvieras que irte, amado cocodrilo. Pero no hacía falta que me devoraras antes.


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viernes

Proximidad

Estar desnuda frente a vos debajo de este vestido, no me incomoda.
¿Te reís?
Tu risa es un perfume indeleble que yo extraigo con los ojos.
Podría alimentarme de ella ocho o nueve días a la semana,
veintisiete horas por jornada, si fuera necesario.

No me mires así.
Te voy a morder el alma despacito hasta que abras.
Hay cerraduras enormes por todas partes,
rejas que separan tus manos del mundo.

Pero estoy del otro lado, y te espero.
Hay algo tuyo que arde en mí.
Un alarido prodigioso.
Un sudor exquisito.
Un beso húmedo.
Una noche
naciendo
juntos,
a punto
de ser
milagro
otra
vez
.

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Mala memoria


Me despierta mi propio latido, me va a explotar el pecho. Cada golpe me hace temblar e imagino la sangre distribuyéndose por ese micro cosmos. Pienso en liberarla de una vez.
Cuando retornan esas ideas suicidas releo cartas que aún no fueron escritas. Tal vez no sea la hora de enviarlas, todavía no. Me convenzo de que algo será mejor por la tarde, o quizá en el fondo me dé curiosidad el que todo siga sin mí.
Descubro cómo huye el tiempo en el tic tac de la habitación. El pecho engaña de latidos, por eso nadie advierte que ya no me encuentro aquí.
Afuera hay movimiento, las parejas se besan para multiplicar el mundo. Yo prefiero esta soledad poblada de deseo, elijo imaginarme lo vital. Y sonrío dolorido, rompo fotos, omito besos.
Mis días son pequeños teatros sin espectadores; la función de decadencia es magistral, los fantasmas aplauden hasta que les duelen las manos.
Aún es temprano. Apoyo la cabeza sobre la almohada pero no consigo dormir. En mi cuerpo las emociones se devoran unas a otras como peces hambrientos.
El amor yace a mis pies cual perro abandonado y siento frío; me abrigo el alma por si esta existiera. En el fondo estoy harto de la tristeza, de abrazar sin brazos tu ausencia. Pero esta tarde todo irá mejor, de hoy no pasa que recuerde olvidarte.

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Réquiem

Rememoro una y otra vez el día en que le enseñé a volar. Para qué semejante voluntad, si ella no tenía con qué remontarse. Pero era cabeza dura y lo consiguió. Aún sin elementos, vio la tierra desde arriba unos segundos, aunque luego se precipitara de un porrazo. Revolcada en el barro, todavía sonreía y movía las antenas con ese encanto tan pelirrojo. Después me abrazó con sus seis patas en una especie de ritual entusiasta.
Me viene a la mente el momento en que la vi por primera vez; estaba cargando esa hoja descomunal sobre su cuerpecito. La imagen me pareció tan grotesca que me precipité desde la altura y la contemplé oculto en un escondrijo. Después de luchar mucho tiempo, ya exhausta, la dejó sobre el suelo. Nadie venía en su auxilio y parecía habitar la desolación, tenía en la cara ese resplandor que da cuando se tiene ante los ojos un sueño muerto. Y de eso yo sabía mucho, así que salí para ayudarla. Cogí la hoja con mis patas delanteras y, valiéndome de mis alas, la acompañé hasta el hormiguero. Fue a partir de allí que su aroma me transformó en un ser débil, embrujado.
En el fondo sabía que lo nuestro ostentaba un futuro imposible. Ella tenía una familia tan organizada que me sentía acomplejado. Yo estaba solo y era un completo desastre, dormía donde me daba la noche y comía cuando podía, por lo que nos veíamos a escondidas de sus hermanos.
Todo ese tiempo la amé con una intensidad inconsciente, incluso olvidándome de quién era. Creo que ella también me adoraba, aunque esa maldita tarde en la que subió el río prefiriera seguir siendo una hormiga.


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Antes


Necesito
probar tu piel..
Dormir con vos....
Hallar tus manjares.
Bailar sin disfraces….
Desayunar latidos….….
…....Encenderme cerca.
……..Resucitar perfumes.
..…….Nutrirme de calma.
………..Sentir hermosura.
...…………Jugar al placer.
...……Destripar espanto.
….. Lamer tus susurros.
…….Morder el tiempo.
…Saborear palabras.
Masticar tu abrazo.
Reírme del olvido.
Y recién después,
sólo después,
seguir este
viaje
t r a n s f o r m a d a e n n a d a

.
.
.
Respuesta de las musas (a su manera) al juego planteado por Umma. El que quiera puede dejarnos su lista de confesiones o auto recordatorio de lo que desea hacer antes de que llegue lo inevitable, el cambio de estación.

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Ética

Solemos envenenar el agua. Ponemos de moda cadenas e instrumentos de tortura sobre las pasarelas y a algunas mujeres vendadas para que se acostumbren a ser objetos. Cenamos mirando autopsias y toda clase de destripamientos. Nos deleitan los noticieros donde haya suicidios en directo y coleccionamos fotos de todas las masacres. Vendemos niños, o los alquilamos por un módico precio. Creamos depósitos de viejos. Explotamos esclavos que ya no se llaman así, ahora son inmigrantes ilegales. Mercantilizamos órganos y experimentamos químicos novedosos con animales y personas sin recursos. Detenemos ciertas investigaciones para poder comercializar nuestros medicamentos. Desarrollamos antenas que provocan enfermedades mortales. La naturaleza nos aburre, por lo que edificamos armatostes de cemento en las costas y pistas de esquí que conviertan en rentable cualquier cima. Cercamos lagos y nos apropiamos de latifundios prometedores. Desollamos toda clase de especies, embalsamamos pájaros, colgamos trofeos de caza. Somos honestos padres de familia, amables vecinos con atuendo impecable y poco tiempo, por eso nadie sospecharía de nosotros.

El afiche reza: "No trates a los otros como no quieras ser tratado".
Texto del link (Título) : "La ética del cuidado de uno mismo como práctica de libertad". Entrevista con Michel Foucault, 1984.

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Carta improbable

Las lágrimas se suicidan con cadencia cuando revivo a ese crío que me mira con tus ojos. Mi vientre está virgen de hijos y, sin embargo, ha parido en sueños muchas veces. La realidad no quiso despertarlos, es la fantasía porfiada la que no perdona.
Hace bastante que el cuerpo me pide ese acto temerario; y si bien el deseo se ha oxidado en un mar de incongruencia, porque ya no estás, de cuando en cuando la ensoñación me vuelve como una especie de virus mal curado o de implacable nube de mosquitos.
Y el enano se para frente a mí. Yo parpadeo una vez y él parpadea. Lo hago varias veces y él lo repite con gesto cómplice. No he escuchado su voz, pero sé que hay un cuestionamiento tácito en su espera, un “Cuándo me vas a hacer real”, al que no tengo respuesta. O sí, “Es cada vez más probable que eso ocurra nunca”.
Hacía tiempo que esa fantasía no tenía tu mirada negra y tus dudas. Era una especie de hijo de nadie, que se instalaba en cualquier pequeño de los que curiosean a través de las ventanas. “Pero hoy ha vuelto” pienso en voz baja para no llamarte, porque no sé cómo te las arreglás, pero algo de mis pensamientos te alerta y aparecés en el silencio de la tarde, con cualquier excusa, derribando esta puerta a ningún lugar.

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Disfraz

A lo lejos, la comparsa.

¿Quién se atreve a desvestirme debajo de la máscara?
¿Quién descubre mi ausencia en esta multitud?
¿Quién asesina la mirada del que amo?
¿Quién tiene una cama roja para mi dolor?

Desfila la comparsa.

Mi vientre se desmigaja
y me nacen hijos que parecen letras.
Hoy ando disfrazada de mí.
Reina en el aire una alegría extraña,
mientras circulan maquillados
los besos difuntos.

Se va la comparsa.

Hay silencio de musas traidoras.
Y en los días desnudos,
tu olvido aún me sangra.

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jueves

Extraña dolencia

Antes de ser olvido fue que me ocurrió esto terrible. Iba como cada mañana a la panadería y un vecino me alertó "Señor, se le ha caído algo". Yo volví presuroso sobre mis pasos y recogí esa cosa. La levanté del suelo con delicadeza, la limpié y me la guardé en el bolsillo del saco sin saber qué era.
Pero no sé cómo se me coló dentro y mi piel fue tomando un tono inquietante. Era como un resplandor rojo que, cuando se escapaba de mi cuerpo, teñía todos los rincones de mi casa. De pronto me sentía una persona feliz, producto de ese extraño mal.
No había una sola foto donde no se viera esa transformación. Mis ojos marrones se volvieron colorados, hasta la boca y los dientes se me fueron manchando.
Los niños me tenían miedo. "Ahí viene el loco rojo!" gritaban y de vez en cuando volaba algún piedrazo en mi dirección.
En ningún hospital pudieron determinar cuál era mi afección. Mis síntomas eran sobre todo nocturnos: padecía de sueños libertarios y varias veces estuve a punto de morir por alguno. Pero al no tratarse de bacterias o virus, me mandaban de vuelta sin diagnóstico. Según los doctores, morirse en sueños no era peligroso y ninguna enfermedad provocaba ese bienestar.
Hasta que un día se acabó el tiempo de la cuarentena. En vez de soñar con revoluciones comencé a desear una heladera nueva. De inmediato volví a mi color habitual y la gente dejó de asustarse. Eso sí, me invadió una especie de vacío, una tristeza negra. Ahora era uno más.

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viernes

Siga participando

A sus casi cuarenta años descubrió el secreto. No había dios que le quitara la satisfacción. Era feliz porque alguien la cuidaba. Por primera vez en su vida estaban pendientes de ella y la arropaban, le brindaban ungüentos curativos y recetas de abuela. Y en las tardes de lluvia sonaba su teléfono, mientras las calles se llenaban de paraguas. Había cartas apasionadas disputándose sitio en su buzón, junto a las cuentas de luz y gas.
Y los domingos dejaron de ser insufribles para hacerse cortos, demasiado breves para tanta mantita y cine improvisado, para un horno que producía bizcocho de naranja y chocolate por doquier. Y comenzó a soñar bien abrazada, a encontrar razones para todo. A compartir temores sin miedo.
Hasta que un día al entregarse al placer se quitó la piel. Y se confundió con su amante en tal suerte de menjurje que nadie fue capaz de desenredar.
De tal entramado de tripas llegaron otros ojitos negros a poblar este mundo, acariciaron el lomo de la bestia ancestral hasta despertarla. Y como era de esperar reclamaron la misma oportunidad.
Sólo nosotras tres fuimos capaces de darle la bienvenida al espanto. Se lo avisamos. Lástima que en temas de amor nadie se fíe de unas musas.

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Caza


Te lo había advertido, “no vuelvas”.

Rompiste la puerta hasta sangrarme.

Tu nostalgia anidó en mí.



Ahora tengo un hueco entre los brazos

que exige alimento.

Y adorno mi sexo.

Otro fuego me abraza

y me entrego sin armas.


Por fin.

Ya no seré tu agua

pero tampoco serás mi sed.


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lunes

Muñeca rusa

Dentro de mí se despereza una mujer. Posee un vientre sin estrenar donde la sangre dibuja caminos. Exhibe una belleza extraña porque tiempo atrás el dolor le desolló la piel. Las uñas se le incrustaron en la soledad hasta sangrar pero, poco a poco, recupera sus pedazos.
Converso con ella en la intimidad y los domingos salimos a que nos dé el sol. Su risa posee una estridencia poderosa y sensual; parece brotarle del pelo, de la cintura, de todas partes.
Esas caderas rojas han amparado el deseo, se han dejado llevar al lugar donde el amor explota de manera imprevisible y sus fluidos son deliciosos.
Acostumbra andar desnuda dentro de mí. Y la gente comenta, pero a ella no le importa. Tiene unos pechos cálidos y una fragilidad de hierro que me ampara del horror.

Cuando permanece callada toco su boca, que es de la medida exacta de la mía. Descubro el santuario secreto donde se atrinchera la humedad. Me revuelco en sus entrañas, festejo ese par de piernas que darán a luz a la humanidad que reste. Despacito, acaricio el silencio y, sin querer, me ocurre el milagro de ser ella.

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viernes

Deseo


Que sea ahora la ruptura profunda.
Quiero nacer desnuda en la hermosura de tu boca.
Que tu sangre me recuerde y abrace.
Que la piel no mienta aunque la obliguen.
Que halles mis temblores y mi circunferencia.
Que tus brazos, como ramas,
me eleven de esta tierra estéril.

Huyamos del miedo a ser nosotros mismos.
Dejemos que las tripas crujan como bichos.
No hay nada más.
La vanidad devorará esta belleza.
Pronto será demasiado tarde para reconocernos.
Es ahora el momento de romper la puerta
y que el maldito amor nos delate, “son aquellos”.
.
.
.
Que tengan un 2008 lleno de momentos que valgan la pena.

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NO

Elaborás con cuidado tu lista de regalos:
.
* Para tía Pepa, un consolador agitado de insatisfacción.
* Para mamá, un puñado de suicidas y simulacros de felicidad.
* Para los hermanos, una humareda de ideas y algunos atentados por la salvación del mundo.
* Para el primo, auto-consumo y un Jesucristo superstar, de esos nuevos.
* Para los niños, cotillón ideológico; falta de tiempo; polución de plástico y moralina bíblica que no lleve pilas, que pueden resultar peligrosas.
* Para los amigos, desenfreno etílico que cure heridas; multitud y soledad.

.

Abandonás el inventario de noche buena, te instalás en el sillón. Te preguntás qué será un “Mundo Ecuánime” y si se comprará por Internet. Descartás la idea porque seguramente no tenga los colores navideños. Es mejor recordar con glamour el nacimiento de Jesús, aunque lo hayan asesinado por sus ideas raras. Este último es apenas un detalle, no seas aguafiestas.
Mientras tanto, la tele monologa deseándote un feliz consumismo y deuda nueva. Sentís de repente una especie de cansancio, como si alguien te hubiese arrebatado tu libertad. Te descubrís estafado, hoy tenés el cuerpo vacío de abrazos que valgan la pena. Pero qué tontería, dos aspirinas y estás como nuevo. Feliz navidad.

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No me creas

Desde que siento esta belleza salvaje
el dolor de muelas me resulta inofensivo.
Huelo bien aunque no me duche
y por más de que me esfuerce,
no tengo pelos en la ingle.
Amanezco con las uñas pintadas de rojo
y la soledad me provoca ataques de risa.
Dondequiera que vaya encuentro un asiento vacío,
y las películas están siempre en versión original.
Conquisto todo concurso al que me presento

Y disfruto de la plusvalía en el trabajo,
aunque haya ganado la lotería dos veces
sin siquiera haber jugado.
Soy multiorgásmica
y abandono sin contrición a mis amantes.
Las grasas hidrogenadas no me enferman,
y las tardes de domingo me resultan deliciosas.
El café se mantiene caliente en invierno
y soy deseada por quien quiero.
Pero la mayor ventaja sin duda es que,
desde que ostento este tipo de hermosura,
invento respuestas a ciertas preguntas,
y no tengo que mentirme
porque ya no soy yo.


Gracias a Palimp y a María José

Nota Epecial
Hoy "Memoria de Pez" ha obtenido una Mención Especial por su Poética en el Fallo del I Premio de Relato Mínimo Diomedea, cuyo responsable es Sergi Bellver, a quien agradezco su compromiso con la literatura no comercial. La alegría se completó con el hecho de tener de compañera de Mención a Gilda Manso (que tiene un talento increíble) y ver que Iván Humanes fue uno de los cuatro premiados. Iván: felicitaciones, la próxima caña en Lletraferit la invito yo.
Lo dicho, quería compartirlo con ustedes.

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Génesis

Hoy se suicidó mi sombra. Sin pronunciar palabra oscura, se dejó caer al vacío y explotó en pedazos pequeños.
Ahora camino luminosa entre alambres retorcidos, entre cañerías liberadas de su cárcel de cemento. Los cristales bajo mis pies delatan heridas suaves, y procuro que la sangre acaricie todo a mi paso para saber cómo volver.
Pero te encuentro dormido. Tu respiración perfuma el aire. Mis labios tocan tu cuello tibio y los dedos realizan un ritual marrón en tu pelo. “No tengas miedo” te murmuro al oído, y te tapo con una manta agujereada que ha sobrevivido al estallido.
Hay adioses en el aire buscando dueño. Siento malestar y me acurruco a tu lado, despacito, sin despertarte, para no alterar la belleza de tu cuerpo en reposo.
Cuando abras los ojos verás una mujer capaz de que le crezca el mundo en el vientre negro. No poseo un nombre y no me importa. Desterrada del Edén, ya sin sombra, tengo la medida exacta de tu sueño.

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Banquete

Me digo “Abrí la boca, dejate agasajar por el deleite de las fiestas", ahora que iluminan el frío de las calles esas luces con forma de trineo. Fin de año se acerca de manera implacable. En el espejo ya no existe la que era. Ahora hay una extraña que me convida placeres que no entiendo. Sigo odiando los turrones y tengo una soledad parecida a la que siempre he soñado. Soy contradictoria, por eso me callo y mastico las almendras y el merengue endurecido. A mi lado hay un vacío interesante y no puedo evitar contemplarlo.
Hace poco que te conocí, y fue bonito. Nuestros cuerpos jugaron a abrazarse, fue un ritual extraño. Había clowns. Bailamos y tus manos me cuidaron del suelo. Alrededor la gente murmuraba, era como un rezo colectivo. Y mientras esperábamos el comienzo de la función, nos acariciamos la cara. Rodamos por el piso, nos besamos la piel. Nunca nos habíamos visto, era la primera vez que nos atravesaba ese tren luminoso. Dejamos que nos pasara por encima y nos reímos. “¿Qué fue esto?” preguntaste, conociendo la respuesta. “Mimos” susurré yo, mientras sentía que se trataba de mucho más. Sonreíste. Hubo un estruendo. Lo que más aborrecí de haberme despertado fue no pedirte el teléfono, pero de todas formas, pensé, el pijama no lleva bolsillos. Y me conformé con encontrarte por la calle un día de estos.

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Nuestra América

Daniel Paz

Si al saqueo lo llaman conquista.
Si inventan guerras para aniquilarte.
Si te imponen un credo y te humillan.
Si te explotan para enriquecerse.
Si queman tus tierras y te tortura el hambre.
Si las grandes ciudades te ignoran.
Si sus políticas mienten.
Si escasea el trabajo digno.
Si tus hijos en la calle envejecen.
Si no hay mañana en tus manos campesinas.
Si a tus maestros los fusilan.
Si envenenan tus aguas.
Si venden hasta tus uñas:
No te calles,
por más Rey miope que te increpe.

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Señales

La vida nace desesperada por habitar el mundo. No se conforma con saber llorar, gatear, con que algún alma piadosa le suene los mocos y le ate los cordones. No. Quiere más. Necesita más. Por eso desarrolla palabras a medida de lo que lleva en la sangre, para poder transmitir sus contradicciones y sus amores terribles; para soportar la lucha entre el sueño y la vigilia con dignidad.
Nada menos que el lenguaje (en todas sus formas) como fusil contra las propias miserias vitales. Y así vamos, desparramando palabras por doquier. Y con ellas se escapan alguna que otra caricia y varios golpes mortales.
Por eso hoy propongo inventar señales a medida. Pintar bicisendas clandestinas en nuestro barrio, inaugurar plazas con algún nombre querido, arrancar los carteles de stop, cambiar el de "no pisar el césped" por el de "prohibido no disfrutar del césped", advertir sobre las rectas aburridas; inventar el de permitido jugar siempre, toda la vida, aunque esta pretenda triturarnos porque, al fin y al cabo, lleva el mandato de morir y sólo está cumpliendo órdenes.

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Andén



Entrado en años y canas, ese hombre llora.
Con los labios rojos, la mujer recuerda.
En la estación de tren un joven espera la muerte.


El hombre piensa en aquella piel con lunares.
La mujer aún siente el perfume de su nuca.
El muchacho percibe la vibración del suelo.


Él extraña sus manos sobre la espalda.
A ella le hace falta su abrazo húmedo.
El chico se acerca al borde del andén.


El hombre desea el susurro de su boca tibia.
Ella añora los domingos de lluvia con él.
Pero el hijo que nunca tuvieron toma impulso
y salta
.
.
.
En la estación vacía quedan los dos, sin reconocerse,
junto al mismo sueño muerto.


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Menos veintiún gramos

Me pregunto qué somos cuando no queda nada. Cuando tenemos la mirada poblada de recuerdos deformados y hemos transformado las palabras de amor en una voz lejana. Me interrogo sobre quiénes somos separados de nuestra historia minúscula, al negar cada caricia, al ocultar la cara.
¿Somos un cúmulo de uñas? ¿Una montaña de pelo? ¿Un trozo de carne? ¿En qué nos convierte la ausencia de los lugares amados? ¿Quién salvará los besos que dimos, los fluidos nocturnos, los amaneceres de verano en los que yacíamos desnudos? ¿Qué clase de monstruos seremos al olvidar ese perfume? ¿Qué será verdad luego de mentirnos tanto? ¿Sabremos escaparnos de nuestra propia trampa? ¿Seremos capaces de sentirnos vivos entre cadáveres de días? ¿Quién dormirá por nosotros junto al cuerpo amado? ¿Qué sentido tiene la boca sin el deseo de besos? ¿De qué color es esta luz negra que muerde dentro? ¿Se puede abandonar el sabor de una piel? ¿Qué ocurrirá cuando terminen de devorarnos, de consumirnos, de distraernos, de ocupar nuestro tiempo? ¿De qué material estaremos hechos cuando nos convirtamos en todo aquello que odiamos a los veinte años?
"Me he converdido en todo lo que odiaba a los veinte años" Mario Benedetti

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Caminos

Bastará una carretera desierta para que todo se transforme y el pasajero mute hasta convertirse en asfalto. O seremos eso, minúsculas entrañas en los parabrisas. Soñaremos masticados por el tiempo, como mariposas grises. Y en esas imágenes de trenes que floten, arrastrados por un río arcilloso, se nos irán los recuerdos a poblar otras vidas.
Mañana te despertarás y es probable que los sientas pegados a la sangre. Serán tuyos. Y el camino seguirá. Al fin nos detendremos en un hotel para reposar los huesos; hallaremos una cama sucia donde desmayarnos y soñar con esos ríos que arrastren cosas.
De seguro hará frío. Las lámparas desistirán mientras la noche caiga, fulminada y ciega; o cuando en la penumbra del cuarto, tu cuerpo, ya solo, rece palabras viejas.

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Plan de huida

Y si queremos escapar de nosotros
y lo logramos


Y si necesitamos arder
y descubrimos la sangre mojada


Y si el dolor nos muerde hasta la sombra
y de la risa sólo nos quedan muelas emplomadas


Y si esta vida se extingue como especie única
y el amor es un cazador sin alma


Y si caemos bajo, más bajo que el olvido,
y aún nos acompaña, deshecha, aquella cama


Y si huir así era mentira,
y el cuerpo, animal porfiado, reclama el olor que calma


Y si la carne grita envuelta en fluidos,
y somos dos huérfanos que se abrazan


Y si ya no hay otra vez, ni existe mañana,
y dejamos por fin de amar nostalgias


Y si al llegar al punto de fuga anhelado
nos espera la Nada disfrazada


puede que lo que hayamos abandonado
no haya sido la cáscara

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lunes

Inofensiva poética

Preparados.
Cae una tempestad negra sobre el mundo.

Apunten.
La lluvia ácida cala en la piel de los ángeles.

Fuego.
y dibuja otros mundos posibles.







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Cadáver madreselva

Otra vez.

Me sacudo el dolor y tu risa, me escapo del silencio;
me disecciono las manos
y disemino esta mentira de besos.
Pero ahí está esta tristeza esperándome.
Me fagocita su olor negro.
Lloro una muerte. La piel instalada en el recuerdo.
Lloro lunares y mates. Lloro mi cuerpo vacío.
Y cuando siento que ya está, que ya basta,
que se vaya, que estoy harta, que estoy muerta:
me brotan raíces.
Soy un cadáver madreselva.
La enredadera de mi pelo escala fotos viejas
y me muestra que ya no seré la misma.
Esta dulzura absurda se derrite.
Me espera el olvido.
Y ahí voy, recorro a desgano
los senderos del miedo.
Tal vez encuentre una boca que me indique
dónde se halla el cementerio de sueños
que llevo dentro.

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martes

Fluir

Sabía que ese perfume era inconfundible. Aquella noche empezó a enamorarse. Las hormonas bullían y en su cuerpo se cocía a fuego lento el deseo de piel. Estaba ávido de besos y se bañó en la humedad de su boca. Esa voz le evocaba un susurro de la infancia, una conexión secreta con el juego y lo prohibido.
Hacía poco que se conocían pero él sabía que la había encontrado. Pensó que lo mejor sería dejarse llevar por su cintura, que esta lo condujese a un mundo de deleite reservado para sus manos. La suavidad de aquella noche enloqueció sus sentidos. Se convirtió en un esclavo de su pelo negro, de la textura de sus dientes.
A partir de aquello su vida anterior le pareció mediocre y despreciable. Dejó su casa, modificó su nombre. Cambió de marca de shampoo y hasta de amigos. Pero el espejo, imagen del hastío antiguo, se había convertido en su peor enemigo y por ello lo evitaba. Se decía "He mejorado" y pasaba los días escapándose porque era la única manera de mantener su farsa.
Hasta que después de un tiempo vio el reflejo de ambos y se asustó, sus sentidos le habían jugado una mala pasada. Ella poseía una naturaleza peculiar. Y en su pecho ya habían asomado escamas verdes. Tenía los ojos rojos y desorbitados. Por fin su pesadilla se había cumplido, ahora era otro.

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jueves

La caja

La mujer arrojada a la caja del olvido aún respira. Tiene el cuerpo dolorido. Un rayo de luz entra por una grieta del techo. Ve que la rodean cientos de objetos y se incorpora, camina entre ellos. Se topa con soldaditos enterrados en la infancia, hasta con un limonero. Hay olor a césped recién cortado. Se da cuenta que se halla atrapada en la desmemoria de alguien.
Ahora la inmensa caja de cartón huele a zanja. Sigue esquivando cosas a su paso. La mujer lleva un vestido rojo. Sus manos rascan las paredes gruesas pero no hay salida. Grita y no se reconoce al escuchar su propia voz.
Revisa los objetos en busca de una herramienta que le permita escapar. Estos vuelven de inmediato a su posición original. Encuentra su risa en una foto. “También se ha olvidado de esta” se dice con tristeza. Escucha una conversación de amor, la acústica es buena. También oye gemidos y risas antiguas.
Está agotada. Se queda dormida y sueña. En su sueño, la mujer es libre. Percibe caricias y un “buenos días”. Allí hay un domingo de mates en la cama y cerraduras que hacen ruido y anticipan besos. En su sueño, unos ojos negros la observan con ternura.
Pero se despierta sobresaltada por un golpe. Alguien ha arrojado más cosas dentro de esa caja donde se encuentra. Ahora a su lado hay una pila de palabras. Algunas son pequeñísimas y no puede leerlas. De repente una sombra le afirma “Te he visto antes”. Camina hacia ella. El espectro tiene las caderas anchas. Lleva el pelo recogido. Ahora puede ver que posa su mirada hermética sobre el vestido rojo. Parece acostumbrada al olvido, la mira con desprecio.
La mujer se esconde y siente un terror que la recorre entera. Solloza tapándose la boca en la caja del olvido. No sabe rezar. Llora como si fuera la primera vez o la última. Escucha los pasos de la sombra que se acerca. Es entonces cuando observa que la mancha de agua ha perforado el cartón. Y consigue escapar.

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martes

Frágil

La materia de la que está compuesta la sangre: se rompe.
Basta un soplido en ella para que las arterias exploten.
Las vías por donde circula el deseo se colapsan.
Y lo que era caricia se transforma en penumbra.
Las uñas son llagas; la boca, beso deslenguado.
El tiempo, paulatina muerte; la soledad, multitud rabiosa.
Todo se modifica si las manos tocan ausencia.
Cuando la cama es un barco a la deriva
uno se harta de extrañar.
Y no queda más remedio que beberse a sí mismo,
después de brindar con una copa rota
por lo que fue.

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lunes

Amor II

Había algo en ella que le decía que aún quedaban cartas sin escribir, discusiones políticas, domingos invernales en la cama. También broncas por quién debía lavar los platos, carcajadas, hijos esperando nacer, sábanas manchadas de placer y piel por acariciar.
Cientos de palabras giraban a su alrededor como moscas. No sabía qué significaba una en particular. O le parecía una cursilería. "Qué palabra de mierda", mascullaba.
Pero esa palabra-gusano se le había metido en las entrañas y tenía miedo de lo que pudiera hacer por su causa. "Estoy enferma", se decía. Y ante la menor duda, lo observaba buscando ese algo que los distanciara, que la redimiera. Pero nada.
Hasta que una mañana se despertó y notó algo extraño. Una mirada ausente, un abrazo torpe, un desprendimiento.
Juntó coraje sabiendo que ese podía ser el instante propicio de emancipación de aquella maldita palabra. Y volvió la mirada sobre él, que ya no estaba.
El primer día de libertad fue algo raro. El gusano ya tenía prole dentro suyo y ahora conformaban una gran familia. Su cuerpo se había convertido en un tejido desesperado de palabras. Y para colmo, eran palabras de amor.

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Pozo

Me sorprende esta tristeza de muñeca rota.
Un mundo acuático palpita en mí.
Sangra la grieta por donde se escapan besos.
Los relojes se niegan a detenerse.
Las manos se diluyen.
Y amo, huyo, encuentro;
duelo, extraño, amo
tu perfume ausente.

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Pequeña venganza literaria

Había vampiros esperando tu cuello. Se agazapaban en su soledad; se retorcían en la sombra, mientras hallaban el momento oportuno para dejarte su huella de propiedad. La marca de su boca.
Ahora sos un fantasma sin hijos, una parte de algo muerto. Tu pelo es una nube de smog. Te sentís una caricatura cobarde en un país extraño, un híbrido lleno de incertidumbre. Tus manos están torpes y buscan ese interruptor que te saque la angustia, se desesperan por encontrar la llave de luz. Pero es de día. Sos vos el que está ciego, chupado por el espectro pálido de tus sueños. Ya no sos amado por nadie. Has destruido todo. La sangre se te escapa por la piel, te has abandonado en una de las cajas, pero todavía no te diste cuenta.
Ahora hay silencio en esta pequeña venganza, en este dolor que crece y se expande, hasta convertirse en nada. Tu risa estalla, te domina la ternura mientras besás al vampiro. Y yo pienso “buen provecho”, al escuchar el eructo del olvido después de que te ha devorado.

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viernes

Casa vacía

Hay plantas carnívoras en la cama.
---------------- Armarios d e s m e m b r a d o s.
Fotos escondidas.
---------------------------- El cuerpo r-o-t-o.
------------------------------ Un vacío de besos.
Voces muertas en el contestador.
----------------- La cerradura muda.
Tu ausencia llenando hasta la taza del café.
--- Mis manos sin sentido y las ventanas cerradas.
Este yo tan solo
a punto de desaparecer, o de ser otro.

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lunes

Dejar que la poesía lo diga

Un corazón que está tan lleno como un basurero
Un trabajo que lentamente te mata
Contunsiones/moretones que no se curarán
Pareces tan cansado e infeliz
Derriva al gobierno, ellos no hablan por nosotros
Llevaré una vida tranquila, un apretón de manos, algo de monóxido de carbono
Sin alarmas y sin sorpresas
...
Silencio

Este es mi último ataque, mi último dolor de barriga
sin alarmas y sin sorpresas
...
una casa y un jardín tan bonitos

Sin alarmas y sin sorpresas
por favor


No Surprises, Ok Computer, Radiohead

jueves

No puedo más

Bocas del tiempo, 2004, Eduardo Galeano

nOSTALGIA

cAMINABA DORMIDA DENTRO DEL AGUA. eL RIO DE LA PLATA REGABA LAS PLANTAS GRISES.
tUVE QUE SUBSISTIR A BASE DE PECES. mE LOS COMÍA VIVOS, ME ENTRABAN POR LA NARIZ Y POR LOS OJOS. tAMBIÉN BEBÍA MILES DE LITROS DE AGUA DIARIOS.
dORMÍA TAPADA POR CARACOLES OSCUROS QUE SE OBSESIONABAN POR ENTRAR EN LOS CAFÉS DE LA CALLE cORRIENTES. nO LOS DEJABAN, POBRECITOS, AUNQUE MUCHÍSISMAS VECES HABÍAN INTENTADO COLARSE (pERO DÓNDE SE HA VISTO A CARACOLES VENDIENDO FLORES, ERA EVIDENTE EL TRUCO).
lA FAUNA ACUÁTICA ME TEÑÍA LA PIEL DE MORETONES. aMABA A GENTE ANÓNIMA Y PERDIDA COMO YO.
pOR ESO VOLVÍ A MI CUEVA, EMPAPADA DE SUEÑOS TERRENALES Y ABSURDOS.
aHORA HABITO ESTA HERMOSA PECERA, QUE QUEDA EXACTAMENTE EN EL CENTRO DE ALGO.

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miércoles

Subte A

Soñé que me pasaba a buscar a mí misma. Me veía con cuatro años. El yo grande llevaba a pasear al pequeño en subterráneo (algo que amaba a esa edad). La tomaba de la mano. Parecía como si me estuviera esperando. Contemplaba el mundo enorme con sus ojos marrones. Las dos dábamos un paseo sin hablar, con una complicidad extraña. Ella veía pasar las estaciones, se colgaba de la ventana, lo disfrutaba. Las manos le olían a galletas de leche. No era tristeza lo que nos iluminaba la cara, más bien cierta nostalgia.
Al anochecer la dejaba en casa de los abuelos, mientras un puñado de vecinos curioseaba detrás de las ventanas.
La recuerdo despidiéndome desde el viejo umbral de mármol, apenas un segundo antes de que alguna de las dos despertara.
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Nota al pie: estaré de viaje, es posible que no pueda postear. Por eso les dejo una propuesta. Contar un sueño en pocas líneas. Algo que recuerden especialmente. Los sueños son parte de esa otra realidad, les propongo compartirlos. Si les gusta la idea, adelante. Gracias por pasar.

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martes

Niñez II

El abuelo me contaba cuentos. Sus ojos pequeños hablaban de los juegos en el patio de la escuela, de sus amigos del barrio, de la guerra.
Yo estaba a merced de su voz. Me acunaba su nostalgia de emigrado, cada una de las óperas que silbaba al dar su vueltita por las tardes.
Era música también el ruido de sus zapatos gastando el pavimento y los envoltorios de caramelos que crujían en su bolsillo.
Fuimos amigos. A veces nos peleábamos. Otras jugábamos a las escondidas, pero yo sabía que él siempre estaba allí, al acecho de mi soledad, aunque se ocultara.
Hasta que una tarde se diluyó. Y poco a poco conseguí oir acordes donde otros escuchaban zumbidos.

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Memoria de pez

Nos comíamos unos a otros. Nos reproducíamos también en las ciudades, ocultos en alcantarillas sucias. Éramos como un espíritu que reinaba en las cloacas, ciudadanos de ese mundo apocalíptico.
Allí me había enamorado, y la perdí de vista porque siempre he tenido mala memoria para las caras. No me resignaba; la buscaba en otras. Me acercaba, percibía el bálsamo de transpiraciones extrañas con la esperanza de encontrarla en la multitud. Me estaba volviendo loco.
Entonces hubo un guiño que fue fundamental. Dejó un rastro de agua perfumado y por fin la reconocí. Debilitado acudí en su busca. Pero fue al llegar que comprendí lo que temía: el vestigio conducía a mi estómago y sus espinitas aún me hacían cosquillas en la tripa.

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viernes

Ritual

Un resplandor negro te rescata.
Esa imagen a punto de nacer
se proyecta sobre una pena de tela.
Entonces la cara se te transforma
y sos una jaula humana llena de gaviotas negras.
Tu voz es un templo ancestral
que contiene el secreto de camas deshechas.
Hay un impulso que te arrastra
y se desmayan tus manos en las entrañas rojas.
Acarician, susurran silencios, tus uñas rotas.
Y una piel que ha luchado cuerpo a cuerpo
hasta reconocerse otra,
te recibe.
Ya casi todo ha muerto menos la memoria.
Continua mordiendo la sangre
el recuerdo de tu boca.

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martes

Punto


Estaba a punto de sucumbir en silencio, de contar ovejas muertas, de decorar mi casa con flores marchitas; de pedirle al verdugo del cadalso secreto (ese que no ha matado a nadie todavía) el privilegio de sus manos.
Estaba a punto de a r r a n c a r m e los dientes y el espanto; de fagocitarme a mí misma como si de un extraño manjar se trartase; de concederme un último desvarío y andar con las tripas llenas de mí.
Estaba a punto de ser el centro de ese universo negro, donde todo confluye de manera inequívoca; de convertirme en una Nada que se amontona, en otra chatarra cósmica.
Estaba por cortar los cables y desordenar las letras; por abandonar de una vez el milagro de sangrar este papel.
Y, sin embargo, no había comprendido que llevaba tiempo muerta.

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miércoles

Mecano

Cuento en 3 actos escrito por Stradivarius

UNO
Lo recibí una tarde y pensé que se trataba de una broma. Era un paquete grande, casi como un armario, que cargaban dos operarios con mono verde. Tras abrirles la puerta, entraron como si nada y lo colocaron en medio del comedor sin hacer caso de mis protestas.Discutí con ellos, pero no había error posible: el nombre y la dirección del paquete eran claramente los míos. Además-dijeron- no había que pagar nada, así que ¿qué más daba?. Se fueron tan rápido como habían venido, y yo me quedé solo en el pasillo, sonriendo estúpidamente.No sé cuánto rato estuve mirando el enorme bulto, que me esperaba plantado insolentemente en medio del comedor, robando el protagonismo a la televisión. Cuando decidí acercarme, el sol había desaparecido tras el edificio de enfrente. Lo miré por todos lados. No había nada que me diera una idea del contenido: ni tarjetas, ni letras impresas en el embalaje. Fui a la cocina a buscar un cuchillo, y lo utilicé para cortar las cuerdas. Debajo del papel marrón encontré cartón duro del mismo color, sin ningún distintivo. Abrí la tapa, y se me cortó la respiración: dentro de la caja había dos maniquíes desnudos, a tamaño natural, de un hombre y una mujer... pero asombrosamente reales. En el pecho, los dos llevaban una letra pintada, el hombre una A, la mujer una B. Los toqué, y supe que no eran maniquíes de cera, o de plástico. Su piel - lisa, sin rastro de vello - era suave, caliente... creí notar el latido de sus corazones y el circular de la sangre en sus muñecas.Pasé un buen rato tocándolos, acariciándolos, fascinado por su inmovilidad, que no tenía nada de rígida. Intenté abrir sus párpados, sin ningún éxito. Entonces, desde detrás de la cabeza de la mujer, algo cayó al suelo.Lo cogí. Era un libro rojo, de tapas duras, en las que se leía "Manual de instrucciones".
DOS
"Levantar la pierna derecha de A formando un ángulo de 45 grados, y flexionar la rodilla hasta que el pie quede paralelo al resto del cuerpo. Repetir la misma operación en B, pero utilizando la pierna izquierda. Luego, extender los brazos de A hasta que descansen sobre los hombros de B. Hacer lo mismo con B, procurando siempre..."Es curioso. Muy curioso. No sabía que un cuerpo -dos, en este caso- fuera algo tan versátil, tan complejo. Lo que a veces nos parece una simple herramienta es algo lleno de insospechadas posibilidades.La carne es sorprendente, divertida... "Entreabriendo los muslos de B, encajar entre ellos - con una presión firme pero suave- el cuello de A, con el rostro hacia abajo manteniendole arrodillado en el suelo. Las manos deben agarrarse con fuerza a los tobillos. Luego, con sumo cuidado, doblar la columna vertebral de B hacia atrás, de modo que...”A medida que voy avanzando en el libro, los métodos para encajar los cuerpos -¿o debo decir las piezas?- son más y más enrevesados y diferentes. Pero me he dado cuenta de que desde la mitad hasta el final del libro, todas las páginas están en blanco. "Abrir las bocas formando un óvalo perfecto, y encajar los rostros, uno de ellos - a elección - ladeado. Retorcer las manos de este último de forma que..."Los días pasan y sigo jugando con ellos, creando estructuras cada vez más complicadas con este Mecano de carne. Ahora estoy a punto de acabar el libro. En estos días, he aprendido a abrir y cerrar sus ojos, a entrelazar y retorcer sus lenguas como raíces húmedas. Los he modelado a voluntad, y conozco cada recoveco de su arquitectura palpitante mejor que la mía.A veces, no puedo dormir, y me quedo mirándolos durante horas, pensando. En una de estas noches, de repente, he llegado a una conclusión: La carne es importante. Es lo más importante.
TRES
Y esta mañana, lo he hecho. Con ayuda de la maquinilla, me he afeitado la cabeza - desnudando incluso mis cejas - y luego el resto del cuerpo. Al acabar, con un rotulador, he pintado una C en mi pecho, algo tembloroso. Ahora estamos los tres en la caja, muy apretados. He cerrado los ojos, y un extraño sopor se está apoderando de mí, al sentir el calor de A y B más cercanos que nunca. Sé que tarde o temprano alguien vendrá a buscarnos

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lunes

Huir


Teníamos todo perfectamente planeado. Lo haríamos esa misma noche, en silencio, apenas con un par de cosas en la maleta, saldríamos en busca de otra realidad.
Ambos teníamos sueños sin consumar, pesadillas por cumplir a medias y el deseo de un cambio de rumbo que nos condujera a lo que los otros llamaban "felicidad" y que nos imaginábamos como una fiera que huía.
Por entonces el mundo estaba a punto de una guerra contra hombrecitos hermanos. Teníamos miedo de ser uno de los soldados, de que nos empujaran a destripar niños como era tan frecuente.
Salí con mi maleta en medio de la penumbra hasta el lugar convenido. A lo lejos distinguí una sombra. Te encontré desnudo en medio de la calle, tus heridas sangraban. Las uñas sucias me cavaban el vientre como buscando asilo. Me miraban unos ojos que provenían de un pozo, ya no eran los de siempre.
Me quedé a tu lado esperando que vengan a buscarme. Estabas cada vez más helado, te abracé para despedirme. Luego cerré los ojos del delator, o los tuyos, y escuché las sirenas.

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jueves

Nacer

Salí de este encierro para encontrarte.
Yo era un trozo de nada dentro de un caparazón.
Era un secreto bien guardado, casi mudo.
Un lugar en el mundo estéril,
con ganas de nacer.
Entonces escuché un golpe.
*
Tu mano destrozó la cáscara, me invitó a la vida.
Me hamacaba en cuanta plaza encontraba por el camino.
Hasta me bañé desnudo y una carcajada nació de mi estómago.
Cuando giré para hacerte cómplice, no estabas.
Te busqué por todos lados. Sentí soledad.
Volví a mi cueva.
*
Allí estabas.
Acurrucada en el hueco, con los ojos abiertos,
por fin habías encontrado el mejor lugar para morir.

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lunes

Dios

Yo soy mi propio títere.
Estoy hecho de cartón y piel.
Mis ojos se derriten de tinta.
S u d o * s m o g
Y sueño con despertarme humano algún día.
Ya no aguanto más,
una de estas tardes cortaré los hilos,
r e v e l a r é
mi verdadero yo:
deseo ser un hombre
que fabrique juguetes
parecidos a sí mismo,
y se esconda
dentro.

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jueves

Justicia

"El culpable quiso huir, lo intentó. Había robado una taza de leche, dejó huellas por todos lados. Esto es una guerra, no existe la palabra asesinato. En todo caso los crímenes que se procuran son en defensa propia, defendemos el sistema de bienestar de la comunidad entera. Hubiese visto su cara, daba asco. A esa lacra hay que eliminarla, apretar el gatillo, limpiar la ciudad sin pensárselo demasiado. Son astutos, sigilosos, roban por gusto, están enfermos. Nosotros somos los responsables de velar por la seguridad, es nuestro trabajo. Cualquier medio está bien justificado por el fin. La vejación es parte del juego: reducirlos a estado de cucaracha, que se sientan humillados ante el poder de la autoridad.
Todo iba bien, le juro que ganábamos esa guerra, hasta que entré a mi casa y vi a ese sujeto reflejado en un espejo, un maldito con uniforme, un loco que se apuntaba a la cabeza. No me reconocí y disparé por precaución"

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Antropófago

...
A medida que la glotis se cierra
las palabras estallan.
...
He buscado tus huesos en las entrañas húmedas,
pero tu cuerpo navegó deshecho.
Los dientes mordieron la piel sin tregua.
...
Te amé mientras cavabas surcos perfectos.
Y antes de masticarte, probé tu boca.
Me bebí los ojos de un sorbo, como si fueran vino negro.
...
Vos te divertías ciego.
Tu risa cruzaba la tarde de punta a punta.
Llovía a cántaros.
Las sábanas sudaban cuerpos.
...
Yacíamos desnudos, sin piel,
mucho antes de la muerte orgásmica,
aún antes de quedarnos solos.
Uno dentro del otro. Engullidos, desarmados.
...
Y ahora, mientras las calles se inundan,
ya no estás.
Y me crecen peces dentro.

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viernes

Raro

Cociné a Dios sin querer
y ahora toda la casa huele a laurel sacrílego.
Cada vez que paso cerca de la boca del subterráneo
no puedo dejar de besarla.
Mi escondite está a la vista de mis vecinos.
Descarto el tarot y los juegos de mesa.
Me dan urticaria las fichas de colores y las médicas.
Soy alérgico a las cartas de pócker,
por eso tampoco cultivo el género epistolar.
Supongo que Aries es mi signo lingüístico.
Muchas veces tengo miedo de que este mundo esté al revés
Y haya explotado para adentro
Sin que nos diéramos cuenta.

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miércoles

Amor

Nos miramos frente a frente. Tu pequeño cuerpecito se escabullía entre mis manos. Era suave. Tu voz volaba como por descuido, me susurrabas algo al oído en un idioma extraño. Pensé "otra historia de amor del montón". Tenía miedo pero aún así algo me atraía. Tus piernas largas se apoderaron de mí, me absorbió por completo esa humedad. La lengua se enterró hasta el cuello y pude sentir el sabor de tus entrañas rojas.
Tu belleza se enredaba en las cortinas, por momentos desaparecías. Pero sabía muy bien que estabas ahí porque escuchaba tu respiración, ese latido invisible por el que me sentía perturbado. Tu figura como al acecho esperaba el momento de dar el gran salto. "Otra vez, no. -Te supliqué- Estoy agotado". Con el correr de las noches empalidecía cada vez más y me iba convirtiendo en un minúsculo artefacto, una pesadilla soñada por Bukowski. Pero aquello era real, yo empequeñecía a una velocidad increíble.
Una tarde golpearon a la puerta y no llegué al picaporte. Pasaron los días. En mi espalda pequeñísima se abrieron dos grietas y de ellas brotaron unas alas verdes. Las movía torpemente, me posaba sobre la mesa de luz y probaba dar un salto, suspenderme en el aire. El día que lo conseguí tenía demasiada hambre como para festejar nada. Me escabullí por debajo de la puerta del cuarto y llegué a la cocina. Sobre la mesada había un pedazo de carne cruda que olía a podrido y la chupé con avidez.
Vos te reías. Poco a poco te alejaste como si hubieras cumplido la misión encomendada, estaba claro que ya no sentías más que pena por mí. Te maldije en voz baja, no pude llorar. Deseé tu inminente aplastamiento. Que explotaras, no verte nunca más.
Ya desnudo y solo volví a tener languidez. Volé hasta la ventana entreabierta y vi pasar una mujer de labios carnosos. La deseé de inmediato. Me enredé en su abrigo, sentí arder la sangre y dejé que me llevara.

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jueves

Huellas

Transgredir la soledad
Traspasar paredes
Contar números y cuentos
Gozar la puta vida
Volver del espanto
Reconocerse frágil
Sentirse capaz
Disfrutar el cuerpo
Gritar la pena
Festejar el alma
Esconderse del miedo
Solidarizarse
Comerse a besos
Explotar orgasmos nuevos
Sentir la calma
Susurrar miserias
Compartir la lucha
Morirse creciendo

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Compañera

Vino a buscarme. Me mostró sus dientes enormes y susurró un verso de Baudelaire. Tuve una sensación tan triste como de baldosa rota los domingos. Apreté los dientes, la miré a los ojos y le pedí que esperara.
Me resistía a pasar la vida huyendo de ella. Ahora que la conocía en persona descubrí que no me daba tanto miedo como imaginaba.
Ella era intuitiva y aplomada. Se quitó el abrigo, lo estiró con calma y lo colgó. Acto seguido, se acomodó debajo de mi cama.
Cada tanto me olvidaba de que estaba allí y en un descuido, al recoger unos zapatos o cualquier objeto, la imagen era desoladora. Me llevé varios sustos antes entender que seguiría agazapada hasta el último día. Tenía un libro en sus huesudas manos del que no llegaba a leer el pequeñísimo título, por más que me esforzara. Seguro que le fascinaban las historias de héroes porque infinidad de veces las relataba dormida.
Yo encendía la luz sin hacer ruido, me asomaba por debajo y allí estaba ella, con los calcetines de almohada. Hasta llegué a tomarle cierto cariño. Pero cuando veía sus uñas manchadas de un rojo intenso, se me revolvían las tripas. Su ropa arrugada olía al sudor de la otra gente a la que había visitado.
Durante bastante tiempo llevé una vida normal. Tuve amantes a los que les pedí discreción para no despertarla. En el cuarto había caricias mudas y conversaciones en voz baja. Había orgasmos y desayunos en la cama sin una sola palabra. Besos, humedad, manchas de placer.
Pero sentía su respiración pronunciada y sabía muy bien que seguía esperándome. Perduraba un reclamo tácito en su mirada controladora.
El último día me desperté de madrugada y recogí algunas cosas. Hice una maleta pequeña, guardé fotos y algo de ropa. Después de cerrar la puerta de entrada, busqué una alcantarilla y tiré las llaves, recordando el final de un cuento de Cortázar "no fuera que algún pobre desgraciado se le diera por entrar a robar" decía, me lo sabía de memoria, como si de un plan de escape se tratase. Por clemencia tomé la misma precaución.
El amanecer me encontró en medio de una ruta sin letreros, me dolían los pies. Me senté a descansar un momento y vi en el reflejo de un coche que llevaba puesto su abrigo.

Remordimiento Póstumo
Por Charles Baudelaire (Las Flores del Mal, traducción de Ulyses Petit de Murat. Ediciones DINTEL, 1959)
"Cuando duermas, mi bella tenebrosa, en el fondo de un monumento construído, en mármol negro, y no tengas por alcoba y mansión más que una bóveda lluviosa y una fosa profunda; cuando la piedra, oprimiendo tu pecho miedoso y tus flancos que ablanda una molicie encantadora, impida a tu pecho latir y querer y a tus pies seguir su curso aventurero, la tumba, confidente de mi sueño infinito —porque la tumba siempre comprenderá al poeta— durante esas largas noches de las que el sueño, ha sido desterrado, te dirá: "¿De qué te sirve, cortesana imperfecta, no haber conocido lo que lloran los muertos?" —Y el gusano roerá tu piel, como un remordimiento"

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Angel asesinado

Creí que te habías ido, pero fue el otro quien escapó. Vos te quedaste quietito, con tus manos heladas de espanto. "Me abandonaron" susurraste.
Después se te cayeron los ojos al agua. Los buscamos pero fue inútil.
Yo me mordía los labios por no llorar "¿Estás ahí?'" me preguntaste con debilidad.
"Sigo aquí, no te preocupes" alcancé a decir, antes de que tu cuerpo desnudo se partiera.
"Estos malditos periódicos" pensé acariciando tu tez quebrada, que yacía con una dulzura increíble.
Te amé esa tarde, mientras dejabas de contarme historias. Tu perfume sangraba lucidez.
Cómo no morirse de pena en este mundo. Me limpié los ojos embarrados, me puse el traje de tu piel y salí.

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Marionetas

Sospecho que hay espías.
Imágenes que son observadas, masticadas.
Palabras deshechas. Silencio.
Y una foto falsa instalada al costado
de alguien que seguramente ya no existe.
Las imágenes se diluyen a cada rato.
Este es un lugar extraño como otros,
donde reina el abandono. Otro más.
No es el sitio de las frases geniales,
ni el adecuado para desatar los pseudónimos:
títeres que se animan a lo que uno no,
mientras el animal político es enjaulado.

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lunes

Matar Poetas
















Esta mujer es la poesía robada.
Corta bocas y las pega en sus papelitos blancos.
Recoge palabras que le gustan, que la incomodan, palabras a las que teme.
"Es una mala poeta" afirman algunos señores.
"Esa imagen es mía" grita otra voz tras la ventana.
Todos se ponen de acuerdo en terminar con ella.
Una guillotina invisible los deja tranquilos.
Rueda su melena roja.
Pero esa noche los verdugos duermen y sueñan.
En su interior, en retazos de celuloide, se proyectan los sueños de la muerta.

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jueves

Sueño








El animal que lo habita
sueña que gime.
...............................................................
La noche le quema los ojos de placer.
Le brotan hijos como palabras.
Luego ve gigantes pequeñísimos
buscando su identidad.
Y mientras duerme, lo sobresalta el resplandor negro de la muerte.
Aún es de madrugada cuando la bestia se le desvela dentro.
Se transforma en un ser corriente, va al trabajo.
En la calle reconoce a cientos de ellos,
son como insomnes peinados, ojerosos, rancios,
con caricias siempre a punto de sangrar.
Ya no se siente tan solo, se pierde entre la multitud.
Sabe que regresará a su cama y se reconocerá.
Pero es al volver que comprueba que la bestia se ha ido,
que ya es otro.
Y por primera vez está vacío, no queda nadie más.

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lunes

Palabras

Una fuerza se apodera de tus manos.
Señales de humo o símbolos, secreto crujido de bichos.
Se amontonan
en una manifestación de sentidos.
Es el tiempo de salir del agujero.
Procesan como hormigas una tras otra,
desobedientes, apasionadas, tenebrosas,
arrasan con cualquier intento de obstáculo.
Son un ejército ciego que busca sentido.
Mueren algunas, resucitan otras.
Las entrañas les marcan el camino.
Por obstinadas, dejan huellas dolorosas.
Creen en el milagro de su fragilidad.
Palpitan, muerden, arden, quiebran
antes de llegar al sino.

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jueves

Niñez

Hay veces en que la tristeza tira la puerta abajo.
Si golpeara no le abriría, pero entra y muerde.
Como un perro rabioso, devora las entrañas y el sueño.
Es imposible ignorarla.
Entonces imagino una ventana por la que mirar el mundo,
por la que escapar de la conciencia,
que tiene cortinas rojas y macetas.
La salto. Corro a través de la maleza
Pero es al girar que advierto lo que me temía:
me acompaña una sombra igualita a mí
buscando puertas que echar abajo.

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lunes

Flor del mal


Harta del rococó, del mareo de palabras,
del desgarro escondido, de la metáfora que miente,
de mi propia furia, de la intransigencia del olvido,
del grito, de las dudas, del no saber a quién ni dónde,
de la mirada cruel de mí misma, del silencio torpe,
del humo de papel que me escuece los ojos, de no verte.
Tan harta de todo
me desvelo en vos, con voz, maldita poesía.
Porque alguien tiene que explicar cómo duele.

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viernes

Lluvia

Salí a buscarte.
Empapada, la ciudad se vuelve otra.

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miércoles

Diminuta

Yo
Hormiga que se enreda en la literatura
Animal nocturno
Vida que se interna en las sepulturas
Soledad
Cocinera de sueños omnipotentes
Sal
Humareda de días
Hoy
Un reloj maldito
Sordo
Tic
Tac

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sábado

Nina











Tengo una madrina combativa.

Cuando me quiebro
saca su plasticola roja y me pega.
Si se me enreda el barrilete en algún árbol,
se trepa como un gato y lo libera.
Cada vez que pierdo el último tren,
aparece en la estación con un mate.
Si no se me ocurre un cuento original,
me recita historias donde se cocinan maridos.

Cura con tazas de té y semillas.

Ahora entiendo por qué carga siempre esa mochila.
Le pregunto ¿Qué llevás? y me dice "Casi todo"
"Curitas para la soledad impertinente, naftalina.
Amores probables y probados.
Osadía. Una escalera, por si hace falta.
Hasta una tía lejana, llegado el caso"

Saca conjeturas. Toma partido. Juega.


Yo creía que a su generación la habían perseguido,
que se había exiliado por ser solidaria.
Yo creía que no quedaba nadie,
pero resultó ser que ella es
y están todos.

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lunes

Martín Fierro

Imagen: Ricardo Carpani
Marginados
El "Martín Fierro" de José Hernández constituye uno de los mejores ejemplos de Poesía combativa.
La poesía, no se remite solamente a la belleza de símbolos lingüísticos, sino que representa una herramienta social de denuncia, de revelación de la esencia humana, que deja indefensa nuestra razón ante imágenes sensoriales por las que se cuela el inconsciente.
A través de los recursos literarios nos mostramos, comunicamos y nos rebelamos ante la injusticia. Narramos para que quede testimoinio de un hecho que, con el correr de la historia, será nada más ni nada menos que un registro de nuetro tiempo.

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jueves

Juguete Roto

Pintura: Mark Ryden La niña que fui, medio rota, asoma por debajo de la cama.
Mientras duermo, se prueba mis zapatos y mi ropa.
Se pone un labial sugestivo y me imita.
Ella se burla de todos porque sabe del olvido.
Su risa es un estruendo de juguete que me calma.

En algún sueño la llevé a pasear en subterráneo,
pero no se conforma. Quiere más.
Cuando ando con ella en el bolsillo,
no deja de preguntar si falta mucho.
Me dibuja en las paredes muñequitas con trenzas.
A veces jugamos a las escondidas
y me gana por ser invisible.

Un día que se quede dormida en cualquier parte
la voy a dejar, voy a seguir sola.
Ya está bien de manchas de chocolate en la camisa,
de llorar por cualquier motivo.

No quiero cargar con ella.

Aunque es probable que me busque
y yo nunca haya existido.

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lunes

Julio


Arrancado del día, escondido en las sombras de tu infancia,
inventabas Quijotes.
Y la máquina de matar hormigas devoraba.


Por entonces, Oliveira ya era un polizón en tus uñitas.
Mientras buscabas un cielo de tiza:
la Maga guardó cuidadosamente tus dientes de niño.


Un cronopio te rescataría luego de esa ternura de barrio
e irías con él a habitar ausencias.


Años después,
el hombre cejijunto que anidaba en tus entrañas
gritaba tu desolación.
La prisión del reloj,
esa continuidad de los parques asesinos.

Y ahora somos la conspiración del olvido
que tu cíclope ha desbaratado para siempre.






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viernes

VIR por Marcela


Distracción

Yo, monumento a la descomposición, me sometía a mis órdenos.

Alguna vez un vidrio roto me hizo pedazos.

Y vagué sin nombre hasta que ensordecí.

Entonces nada importó.

Tenía una nariz prominente que echaba por tierra cualquier intento de máscara.

Subí a un tren que no arrancó nunca y me bajé por error en otra estación.

Y regresé a mi casa, pero ya no estaba por ningún lado.

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jueves

Laberintos cerebrales


Te busco en mi desorden para asegurarme de que no estás.
Odio profundamente la irrupción de estos días extraños en mi cerebro.
Preferiría una página sin fechas donde encontrarte dormido, como al descuido.
En este juego remoto de lineas que me conducen: hallo un muerto y me asusto,
creo que podrías ser vos.
Pero un alivio me sobreviene al reconocer mis zapatos.

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miércoles

La Pasión de Frida


Leve intento de amasar horas rojas,
camas,

soledades parecidas a sí misma.

Fantasmas que se cuelan por entre las sábanas

y que piden limosnas de hijos.

Perfume si nariz que se pierde en la nada.

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viernes

Me quiero bajar

Época de novedades viejas
y marionetas navideñas que buscan regalos.
Consoladores agitados de insatisfacción.

Necrófilos en huelga.
Auto-consumo.
Simulacros de felicidad.
Atentados por la salvación.
Humareda de ideas.
Jesucristo súper star.
Cotillón. Multitud y soledad.
Desenfreno etílico para curar heridas.
Algodón. Suciedad.
Polución de plástico.
Peste bíblica.
El sillón burgués dentro del pesebre.
La tele murmura su sordera habitual:
un deseo de Feliz consumismo y deuda nueva.


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martes

Había una vez un circo

Si por accidente, en un viaje interior, se encuentra con la mujer barbuda, sepa que corre el riesgo de sacar varias conjeturas erróneas. Pero revuelva... siga nomás.

¿O de verdad prefiere no enterarse nunca?
Quizá usted sea un enano facista, un payaso, un equilibrista, un oso, un mono bailarín o el mismísimo dueño del circo y lo desconozca.
Ahora sí: Que comience la función.

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Precipitarse

Las tres musas te dan la bienvenida a esta fiesta vital
Me preguntás quién te mandó a meterte en este embrollo y es muy probable que no te lo pueda responder nunca.
Algunos le atribuyen la culpa a Satanás, otros a la química, al destino o incluso al mal de ojo. Pero lo cierto es que estás aquí por un corto período de tiempo, transformado en esta peculiar máquina que se empeñan en llamar Humana.
Y desde este encierro, escribís. Y gritás al mismo tiempo. Querés Liberarte del pegote del hoy. Deseás alguna pósima que te cure el escosor. Buscás un espejo y no ves más que un extraño ligado a tu voz. Esa mascota que envejece y duele, que reclama, reprime y revienta.
Pero por suerte siempre te quedan los segundos de vacío, cuando volás sin alas. Y es en ese instante previo antes de estrellarte contra vos mismo, cuando te dan la bienvenida a tu propio circo.

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