Hechos.
“Las sirenas no existen”, murmuran los peces.
Ella tiene la boca llena de dientes de tiburón
y oye agazapada sin engullirlos.
Soledad.
Perpleja, ve pasar olas.
En el fondo está harta de no poder morirse.
Respira la superficie del tiempo;
inhala lento y profundo, pero no desfallece.
Ha acudido a los barcos pesqueros,
mas estos se niegan a envasarla.
Canto.
La Dulcinea del agua vegeta en su belleza inútil.
Junta coraje y muerde otra vez el anzuelo.
En la superficie del barco,
los pescadores la increpan
en un idioma extraño.
Sal.
Se sabe híbrido marino.
Hoy también regresa lacerada,
su cuerpo mancha el desierto del agua.
“Las sirenas no existen”, murmuran los peces.
Ella tiene la boca llena de dientes de tiburón
y oye agazapada sin engullirlos.
Soledad.
Perpleja, ve pasar olas.
En el fondo está harta de no poder morirse.
Respira la superficie del tiempo;
inhala lento y profundo, pero no desfallece.
Ha acudido a los barcos pesqueros,
mas estos se niegan a envasarla.
Canto.
La Dulcinea del agua vegeta en su belleza inútil.
Junta coraje y muerde otra vez el anzuelo.
En la superficie del barco,
los pescadores la increpan
en un idioma extraño.
Sal.
Se sabe híbrido marino.
Hoy también regresa lacerada,
su cuerpo mancha el desierto del agua.



















