Cuando me despierta este aullido, saboreo el infierno. El vacío me despedaza el cuerpo.Todavía me parece una invención tu ausencia. Reconozco la sombra que impregna las paredes y siento una piel ajena que me pesa sobre los huesos. Me tropiezo con tu voz mientras tu nariz estornuda en la sala. Compruebo también que te has olvidado la risa en un cajón. Encuentro tus pies al ponerme los zapatos. Me muerdo tus uñas con tus dientes y me pregunto cómo diablos te arranco de mí.
La receta del olvido es a veces amarga. Al hacer el amor, se me escapan gemidos de tus entrañas negras. Desayuno con fantasmas y los beso con tu boca. Aunque no te nombre jamás, te convido mate y me duelen tus muelas, mientras el noticiero de las siete exhibe los lugares dónde no estás.
Pero hoy, querido espectro, he venido a despedirme. La casa donde nos amamos quedará sin mi ropa, se desnudará de mí. Lentamente, también se vaciará la que fue nuestra cama. Y por fin, no sin tristeza, habré sacrificado al animal acorralado que me sangra.


