Deseo


Que sea ahora la ruptura profunda.
Quiero nacer desnuda en la hermosura de tu boca.
Que tu sangre me recuerde y abrace.
Que la piel no mienta aunque la obliguen.
Que halles mis temblores y mi circunferencia.
Que tus brazos, como ramas,
me eleven de esta tierra estéril.

Huyamos del miedo a ser nosotros mismos.
Dejemos que las tripas crujan como bichos.
No hay nada más.
La vanidad devorará esta belleza.
Pronto será demasiado tarde para reconocernos.
Es ahora el momento de romper la puerta
y que el maldito amor nos delate, “son aquellos”.
Elaborás con cuidado tu lista de regalos:
* Para tía Pepa, un consolador insatisfecho.
* Para mamá, simulacros de felicidad.
* Para los hermanos, una humareda de ideas.
* Para el primo, un Jesucristo superstar, de esos nuevos.
* Para los niños, polución de plástico que no lleve pilas (pueden resultar peligrosas).
* Para los amigos, desenfreno etílico que cure heridas; multitud, soledad.

Abandonás el inventario de Noche Buena, te instalás en el sillón. Te preguntás qué será un “mundo ecuánime”, si se comprará por internet.
Mientras tanto, la tele monologa deseándote un feliz consumismo y deuda nueva. Sentís de repente una especie de cansancio, un arrebato. Te descubrís estafado, hoy tenés el cuerpo vacío de abrazos.
Pero ánimo, dos aspirinas y estás como nuevo. Feliz navidad.

No me creas

Foto Marcela Sabbatiello
Desde que siento esta belleza salvaje
el dolor de muelas me resulta inofensivo.
Huelo bien aunque no me duche
y por más de que me esfuerce,
no tengo pelos en la ingle.
Amanezco con las uñas pintadas de rojo
y la soledad me provoca ataques de risa.
Dondequiera que vaya encuentro un asiento vacío,
y las películas están siempre en versión original.
Conquisto todo concurso al que me presento
Y disfruto de la plusvalía en el trabajo,
aunque haya ganado la lotería dos veces
sin siquiera haber jugado.
Soy multiorgásmica
y abandono sin contrición a mis amantes.
Las grasas hidrogenadas no me enferman,
y las tardes de domingo me resultan deliciosas.
El café se mantiene caliente en invierno
y soy deseada por quien quiero.
Pero la mayor ventaja sin duda es que,
desde que ostento este tipo de hermosura,
invento respuestas a ciertas preguntas,
y no tengo que mentirme
porque ya no soy yo.

Génesis

Hoy se suicidó mi sombra. Sin pronunciar palabra oscura, se dejó caer al vacío y explotó en pedazos pequeños.
Ahora camino luminosa entre alambres retorcidos, entre cañerías liberadas de su cárcel de cemento. Los cristales bajo mis pies delatan heridas suaves, y procuro que la sangre acaricie todo a mi paso para saber cómo volver.
Pero te encuentro dormido. Tu respiración perfuma el aire. Mis labios tocan tu cuello tibio y los dedos realizan un ritual marrón en tu pelo. “No tengas miedo” te murmuro al oído, y te tapo con una manta agujereada que ha sobrevivido al estallido.
Hay adioses en el aire buscando dueño. Siento malestar y me acurruco a tu lado, despacito, sin despertarte, para no alterar la belleza de tu cuerpo en reposo.
Cuando abras los ojos verás una mujer capaz de que le crezca el mundo en el vientre negro. No poseo un nombre y no me importa. Desterrada del Edén, ya sin sombra, tengo la medida exacta de tu sueño.