Sin palabras

Apártese, hágame un lugarcito. Yo sé que el infierno no es el mejor sitio para refugiarse de la lluvia, pero no vengo aquí por vicio sino por falta de imaginación.
Hoy no voy a hablarle de amores perrunos. Tampoco encontrará en este espacio versos lascivos o personajes que se devoren el cuerpo y la soledad. No. Hoy llueve a baldes y las palabras están como locas saltando charcos; se divierten con gerundios impresentables, adjetivos a mansalva y faltas de ortografía. Son unas desfachatadas, si viera cómo juegan bajo la lluvia -se retuercen, cantan, se desnudan, se revuelcan, gritan-. Y me dieron instrucciones precisas: si preguntan por ellas debo realizar un gesto obsceno que no voy a reproducir por decencia (no insista).
El caso es que nos hemos quedado solos. Estas no volverán a tristear de la manera en que solían hacerlo. Y ahora hasta se cag.. en los amores no correspondidos, fíjese qué descaro. Y en el pasado también. Pero no se preocupe… ya parará la lluvia y ahí las quiero ver a estas palabras, el viernes que viene: cansadas y mansitas, las quiero ver…

Final

Foto Nicholas Hendrickx
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Otra
estación sin vos.
Te busco bajo las sábanas.
Un fantasma caduco se burla de mí.
Tu cara disuelta ya no es la misma.
El incipiente frío
te sorprende en la humedad de otra piel.

Estoy cansada de las tardes que no vuelven.
Transita mis venas una sangre enfurecida.
Hoy regalo recuerdos: usados, bien cuidados.
Tengo una habitación llena de caricias obsoletas,
de éxtasis nocturnos e hijos no nacidos.

Ya no soporto este dolor en los párpados.
Son espinas bellísimas, días malditos
que te extrañan y muerden el reloj.
Necesito escapar y t
engo un pálpito:
sospecho que estas cosquillas,
curiosidad de otro cuerpo,
son una puerta,
y no volveré
a tu espanto
nunca
más
.

Rendija

La mujer está aterrada, ha descubierto que está rota. Sus entrañas se hallan cerca del mundo y eso es difícil de soportar. A ella le gustaría tener uñas entre las piernas para defenderse, mas la violencia de su sangre es inerme.
Fantasea con ser una espía de sí misma y esconderse en su propio cuerpo, indagar la belleza muda de quienes la acompañan en la cama y el sueño. Pero es torpe y la acomete un ataque de hipo cada vez que pretende pasar inadvertida. Sin querer, su semblante avisa de éxtasis y desolaciones.
A veces el orgasmo se la lleva a pasear un rato, la arranca de sí. Luego regresa a su piel -satisfecha, luminosa- y siente como si un frío se colara por las ventanas. Observa alrededor: está todo cerrado y él duerme ceñido a su talle. Se descubre viva en ese escalofrío. Y como quien reza a un Dios sordo, comprende el para qué.

Conversación robada

Están sentados a la mesa de un bar. Con la cara luminosa, él murmura
“¿Te dije cuánto me gustás? Siento que sos una persona maravillosa. Desde que te encontré ocupás un sitio importante en mi cabeza. ¿Existís de verdad o sos una fantasía mía? Que no te conozco tanto, decís. Es cierto, sin embargo no me hace falta. Te he espiado estos meses…tu día a día. Sé todo sobre vos. Además tu piel fue un descubrimiento hermoso: tu forma de abrazar, tu perfume. No te rías, de verdad. Algo tuyo me hace bien. Es una lástima que quiera a otra persona”.
Ella baja la vista, se busca en el reflejo del vaso.