Punto


Foto Dimitri Daniloff
Estaba a punto de sucumbir en silencio, de contar ovejas muertas, de decorar mi casa con flores marchitas; de pedirle al verdugo del cadalso secreto (ese que no ha matado a nadie todavía) el privilegio de sus manos.
Estaba a punto de a r r a n c a r m e los dientes y el espanto; de fagocitarme a mí misma como si de un extraño manjar se trartase; de concederme un último desvarío y andar con las tripas llenas de mí.
Estaba a punto de ser el centro de ese universo negro, donde todo confluye de manera inequívoca; de convertirme en una Nada que se amontona, en otra chatarra cósmica.
Estaba por cortar los cables y desordenar las letras; por abandonar de una vez el milagro de sangrar este papel.
Y, sin embargo, no había comprendido que llevaba tiempo muerta.

Huir

Teníamos todo perfectamente planeado. Lo haríamos esa misma noche, en silencio, apenas con un par de cosas en la maleta, saldríamos en busca de otra realidad.
Ambos teníamos sueños sin consumar, pesadillas por cumplir a medias y el deseo de un cambio de rumbo que nos condujera a lo que los otros llamaban "felicidad" y que nos imaginábamos como una fiera que huía.
Por entonces el mundo estaba a punto de una guerra contra hombrecitos hermanos. Teníamos miedo de ser uno de los soldados, de que nos empujaran a destripar niños como era tan frecuente.
Salí con mi maleta en medio de la penumbra hasta el lugar convenido. A lo lejos distinguí una sombra. Te encontré desnudo en medio de la calle, tus heridas sangraban. Las uñas sucias me cavaban el vientre como buscando asilo. Me miraban unos ojos que provenían de un pozo, ya no eran los de siempre.
Me quedé a tu lado esperando que vengan a buscarme. Estabas cada vez más helado, te abracé para despedirme. Luego cerré los ojos del delator, o los tuyos, y escuché las sirenas.

Nacer

Foto Jenni Tapanila
Salí de este encierro para encontrarte.
Yo era un trozo de nada dentro de un caparazón.
Era un secreto bien guardado, casi mudo.
Un lugar en el mundo estéril,
con ganas de nacer.
Entonces escuché un golpe.
Tu mano destrozó la cáscara, me invitó a la vida.
Me hamacaba en cuanta plaza encontraba por el camino.
Hasta me bañé desnudo y una carcajada nació de mi estómago.
Cuando giré para hacerte cómplice, no estabas.
Te busqué por todos lados. Sentí soledad.
Volví a mi cueva.

Allí estabas.
Acurrucada en el hueco, con los ojos abiertos,
por fin habías encontrado el mejor lugar para morir.