Naturaleza


Foto Helmut Newton
Nadie me había advertido para qué usabas los dientes cuando no te reías. Debí haberme dado cuenta la última vez que le pediste al dentista que te los afilara.
Ese último día te habías despertado especialmente de mal humor. “¿Querés un mate?” Te convidé sin obtener respuesta alguna. Recuerdo que te bañaste en el río como era habitual, te secaste al sol y luego te perdiste en la selva húmeda. Tu semblante relucía de forma especial, no pensé que fuera por el deseo que te invadía.
Siempre sentiste devoción por la belleza extraña, de hecho yo pertenecía a esa especie. Sin embargo te habías hartado de mí sin decir una palabra. Los mismos ojos pardos de todos los días, la misma piel y temas de siempre, y quizá idéntica soledad. Habrás sentido que era hora de mudar de aires. Qué mejor que reverdecer las escamas con una caricia distinta, en el fondo era lógico que buscaras una amante.

Y si bien nunca me cansó tu mirada negra, entendí que tuvieras que irte, amado cocodrilo. Pero no hacía falta que me devoraras antes.

Proximidad

Estar desnuda frente a vos debajo de este vestido, no me incomoda.
¿Te reís?
Tu risa es un perfume indeleble que yo extraigo con los ojos.
Podría alimentarme de ella ocho o nueve días a la semana,
veintisiete horas por jornada, si fuera necesario.

No me mires así.
Te voy a morder el alma despacito hasta que abras.
Hay cerraduras enormes por todas partes,
rejas que separan tus manos del mundo.

Pero estoy del otro lado, y te espero.
Hay algo tuyo que arde en mí.
Un alarido prodigioso.
Un sudor exquisito.
Un beso húmedo.
Una noche
naciendo
juntos,
a punto
de ser
milagro
otra
vez
.

Mala memoria


Foto Gilles de Beauchene
Me despierta mi propio latido, me va a explotar el pecho. Cada golpe me hace temblar e imagino la sangre distribuyéndose por ese micro cosmos. Pienso en liberarla de una vez.
Cuando retornan esas ideas suicidas releo cartas que aún no fueron escritas. Tal vez no sea la hora de enviarlas, todavía no. Me convenzo de que algo será mejor por la tarde, o quizá en el fondo me dé curiosidad el que todo siga sin mí.
Descubro cómo huye el tiempo en el tic tac de la habitación. El pecho engaña de latidos, por eso nadie advierte que ya no me encuentro aquí.
Afuera hay movimiento, las parejas se besan para multiplicar el mundo. Yo prefiero esta soledad poblada de deseo, elijo imaginarme lo vital. Y sonrío dolorido, rompo fotos, omito besos.
Mis días son pequeños teatros sin espectadores; la función de decadencia es magistral, los fantasmas aplauden hasta que les duelen las manos.
Aún es temprano. Apoyo la cabeza sobre la almohada pero no consigo dormir. En mi cuerpo las emociones se devoran unas a otras como peces hambrientos.
El amor yace a mis pies cual perro abandonado y siento frío; me abrigo el alma por si esta existiera. En el fondo estoy harto de la tristeza, de abrazar sin brazos tu ausencia. Pero esta tarde todo irá mejor, de hoy no pasa que recuerde olvidarte.