Nadie me había advertido para qué usabas los dientes cuando no te reías. Debí haberme dado cuenta la última vez que le pediste al dentista que te los afilara.
Ese último día te habías despertado especialmente de mal humor. “¿Querés un mate?” Te convidé sin obtener respuesta alguna. Recuerdo que te bañaste en el río como era habitual, te secaste al sol y luego te perdiste en la selva húmeda. Tu semblante relucía de forma especial, no pensé que fuera por el deseo que te invadía.
Siempre sentiste devoción por la belleza extraña, de hecho yo pertenecía a esa especie. Sin embargo te habías hartado de mí sin decir una palabra. Los mismos ojos pardos de todos los días, la misma piel y temas de siempre, y quizá idéntica soledad. Habrás sentido que era hora de mudar de aires. Qué mejor que reverdecer las escamas con una caricia distinta, en el fondo era lógico que buscaras una amante.
Y si bien nunca me cansó tu mirada negra, entendí que tuvieras que irte, amado cocodrilo. Pero no hacía falta que me devoraras antes.
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| Foto Helmut Newton |
Ese último día te habías despertado especialmente de mal humor. “¿Querés un mate?” Te convidé sin obtener respuesta alguna. Recuerdo que te bañaste en el río como era habitual, te secaste al sol y luego te perdiste en la selva húmeda. Tu semblante relucía de forma especial, no pensé que fuera por el deseo que te invadía.
Siempre sentiste devoción por la belleza extraña, de hecho yo pertenecía a esa especie. Sin embargo te habías hartado de mí sin decir una palabra. Los mismos ojos pardos de todos los días, la misma piel y temas de siempre, y quizá idéntica soledad. Habrás sentido que era hora de mudar de aires. Qué mejor que reverdecer las escamas con una caricia distinta, en el fondo era lógico que buscaras una amante.
Y si bien nunca me cansó tu mirada negra, entendí que tuvieras que irte, amado cocodrilo. Pero no hacía falta que me devoraras antes.


