La mujer arrojada a la caja del olvido aún respira. Tiene el cuerpo dolorido. Un rayo de luz entra por una grieta del techo. Ve que la rodean cientos de objetos y se incorpora, camina entre ellos. Se topa con soldaditos enterrados en la infancia, hasta con un limonero. Hay olor a césped recién cortado. Se da cuenta que se halla atrapada en la desmemoria de alguien.Ahora la inmensa caja de cartón huele a zanja. Sigue esquivando cosas a su paso. La mujer lleva un vestido rojo. Sus manos rascan las paredes gruesas pero no hay salida. Grita y no se reconoce al escuchar su propia voz.
Revisa los objetos en busca de una herramienta que le permita escapar. Estos vuelven de inmediato a su posición original. Encuentra su risa en una foto. “También se ha olvidado de esta” se dice con tristeza. Escucha una conversación de amor, la acústica es buena. También oye gemidos y risas antiguas.
Está agotada. Se queda dormida y sueña. En su sueño, la mujer es libre. Percibe caricias y un “buenos días”. Allí hay un domingo de mates en la cama y cerraduras que hacen ruido y anticipan besos. En su sueño, unos ojos negros la observan con ternura.
Pero se despierta sobresaltada por un golpe. Alguien ha arrojado más cosas dentro de esa caja donde se encuentra. Ahora a su lado hay una pila de palabras. Algunas son pequeñísimas y no puede leerlas. De repente una sombra le afirma “Te he visto antes”. Camina hacia ella. El espectro tiene las caderas anchas. Lleva el pelo recogido. Ahora puede ver que posa su mirada hermética sobre el vestido rojo. Parece acostumbrada al olvido, la mira con desprecio.
La mujer se esconde y siente un terror que la recorre entera. Solloza tapándose la boca en la caja del olvido. No sabe rezar. Llora como si fuera la primera vez o la última. Escucha los pasos de la sombra que se acerca. Es entonces cuando observa que la mancha de agua ha perforado el cartón. Y consigue escapar.
22 comentarios:
Esa mancha de agua.. llanto que nos libera y que no permite que nuestra sombra siga engordando las caderas ni que la desmemoria de alguien nos impida recordar toda la vida que nos espera afuera y que los ojos mas tiernos que nos miran pueden ser los del espejo. Un fuerte abrazo.
No sé que escribirte sin parecer un imbécil, "me ha gustado mucho", tal vez, no sé como describirlo.
Me has he sentir, quizá sea eso.
Creo que así está mejor.
Desde el principio sentí que esta vez tenía final feliz, no se por qué. Tal vez porque la mujer se supo viva, y eso siempre es una buena noticia.
Y el final que le destinaste parece un principio. Eso también es bueno.
No me pasó lo del arcángel...(no pude evitar los comentarios, ya que el texto me conmovió desde el principio, hasta dejarme absorta en la pantalla!!!)
Realmente un relato escalofriante... al menos me resultó eso...
Escribes para parar los pelos!!!
te mando un besosssssssssss
Ufff...
Mejor así, creo que le empez´´o a coger la medida a la caja
muy bueno: consigue escapar.
Qué agobio, menos mal que al final escapa... Es esperanzador
¿Qué es peor permanecer en la caja del olvido o volver a ser recordada por la persona que te olvidó? Uno sabe la respuesta que le gustaría oir... pero puede alguien tener fuerzas para reconstruir lo que hubo. La nueva versión del cuento es mucho más equilibrada y mejor.
Un beso muy fuerte.
La mujer se salva aunque el dolor parezca matarla. Ella sobrevive juntando pedazos de su mismo olvido porque al final comprende que vivimos sin duda, matando recuerdos, sembrando y recogiendo, soñando y quizá dolorosamente despertando.
Breve y sobrecogido relato que me lleva a pensar en la cercania de lo desconocido y el horror a desaparecer entre los objetos que "alguien" ha dejado...
Gracias
Un cuentecillo que habla del amor y sus fases (sí, me lo inspiró la película, qué le vamos a hacer, no todo es Bergman en esta vida).
A ver si os gusta:
AMOR BRUJO (GRIMORIO D AMORE)
En principio no ocurrió nada extraordinario: el mago y la bruja se enamoraron al mirarse a los ojos por primera vez,
durante una de esas ceremonias aburridas en las que te vistes con una piel de cabra y bailas alrededor del fuego. Creo
que no hay nada mágico en este hecho, que yo interpreto como la consecuencia natural de afinidades químicas y
biológicas, aunque ésta es sólo mi modesta opinión: otros más sabios que yo pasan aún noches enteras discutiendo si el
amor es un hechizo, una fantasía o -peor aún- un acto de ilusionismo compartido. Hay incluso quien habla de él como
de un tipo de mal de ojo.
Sea como fuere cuando callaron las flautas se cogieron de la mano y se retiraron a un rincón apartado. Allí pasaron la
noche mudos, ajenos a orgías y sacrificios, admirando el reflejo del fuego sagrado en los ojos del otro.
A esta noche pacífica y dulce le siguió un período de felicidad salvaje e intensa: el mago y la bruja, transformados en
blancos búhos nivales, volaban juntos y se arrullaban sobre la nieve eterna de las cumbres. En otras ocasiones él,
transformado en macho cabrío negro, la cubría brutalmente en la espesura del bosque. En esos momentos sus rugidos y
los gritos de ella llegaban a provocar tremendas tormentas eléctricas, los rayos carbonizaban árboles enteros y los
truenos hacían huir hasta a los lobos más valientes y crueles.
Pero como es inevitable a este período loco le siguió otro de tranquilidad que degeneró con los anos en vacío, pasividad y
desesperanza. La ternura humana, incluso el violento apareamiento animal, se habían convertido en rituales faltos de un
verdadero sentido, compuestos sólo de una serie de pasos preestablecidos y previsibles. El amor era en ese momento
como los ridículos conjuros de los libros, esos que prometen la paz y la felicidad sólo con repetir trabalenguas absurdos
escritos por algún descerebrado generalmente humano.
Perdón, estoy divagando. No es el momento de hablar de la verdadera esencia de la magia, ni de su relación con el deseo
y la voluntad. He venido para hablar del mago y de la bruja, y de las fases del amor que les unió un tiempo, y que podrían
compararse a las de la luna: a la luz plena que abrasa las montanas y nos transforma en el animal que llevamos dentro
le sucede un reflejo débil y plateado, relajante y sereno al principio, claramente insuficiente según va pasando el
tiempo.
Aun con la pasión en cuarto menguante, los años de convivencia les habían vinculado de una manera que a veces, me
contaban, les dañaba físicamente. "Me duele" decía el mago; "Me duele verla, y me duele no
hacerlo". "Me duele" decía también la bruja, "me duele mirarle, y ver que ya no es el que fue,
o el que era para mí cuando le conocí". Sospecho que todos, seamos magos, brujas, enanos o licántropos,
tenemos aún mucho que ver con los humanos, sobre todo en estas circunstancias, por mucho que nos pese.
Por fin un día hablaron: decidieron que querían resucitar esa comunión plena que habían tenido alguna vez, que juntos
crearían un hechizo que les permitiría hacerlo. Decidieron que ese hechizo compartido les haría intercambiar sus cuerpos
y que sería su última transformación, totalmente irreversible. Y así lo hicieron.
En una noche sin luna pronunciaron juntos
las palabras adecuadas, cayeron sin conciencia sobre la hierba y al despertar cada uno de ellos se encontró dentro del
otro, sorprendida ella de redescubrir dentro del pecho el aliento que tantas veces había sentido en la nuca, y él
conmovido por volver a notar íntimamente el fuego acogedor de la que ahora era su propia vagina.
Aunque lógico, parece sorprendente que durante muchos días no se hicieran caso: pasaban del amanecer al crepúsculo
absortos en su nuevo yo, sin dejar de mirarse, de olerse, de masturbarse frenéticamente.
Unas semanas después, saciados de sí mismos, se encontraron en un camino y se miraron a los ojos. Volvió durante un
largo tiempo la pasión que les había unido, y volvieron a tronar las montanas de forma aún más terrible que antes, para
disgusto de la fauna del bosque.
Pero algo no andaba bien. Se dice que fue un efecto secundario del hechizo, yo creo que simplemente es más fácil
resucitar a los muertos que al amor extinguido, si lo está del todo. La cuestión es que el mago que fue bruja y la bruja
que fue mago empezaron a trascender el propio cuerpo y a desear también los ajenos. Volvía él a la cueva en que
vivían al amanecer, agotado y sucio de musgo y de barro y la encontraba a ella recién dormida, envuelta en un olor
ajeno.
Los dos mentían y sufrían por hacerlo sin dejar de mantener la ilusión de que todo era igual que antes.
Y un día, cada uno por su lado y poniendo una excusa diferente, emprendieron caminos distintos.
Vagaron libres por la
tierra y a pesar de vivir en la piel del otro siguieron echándole en falta.
Han pasado muchos anos. A veces uno de ellos viene a visitarme y aunque empieza explicándome las maravillas que
ha visto siempre me acaba preguntando si sé algo del otro. Es en ese momento cuando tengo la certeza de que, como
dije hace un rato, nunca hemos dejado del todo de ser humanos.
al leer tus palabras, mi ojo llora "largamente todo su espanto callado" (H. Quiroga).
un beso y un abrazo, musa!
♥
Ahogada escapó. El agua.
Permite que ya no regrese a la caja.
Abrazos linda mía.
Buena historia.
Veo que este blog sigue gozando de una salud envidiable.
Enhorabuena.
Mujer resquebrajada como una pintura vieja... hasta que escapa, o mejor dicho, hasta que llora y deja ir
azul, el agua contagia su fluidez, es cierto, no queda más remedio
art, pasar lo leído por el cuerpo está lejos de la imbecilidad a cualquier nivel. Que haga sentir basta siempre :)
arcángel, saberse vivo es una buena noticia. El final es una puerta, no sabemos hacia dónde, pero lo suponemos o lo deseamos
nombre, escribo para desenmascarar mis pelos parados; me alegra que compartamos la conmoción, qué bueno tenerte de compañera :)
henry, cualquier recuerdo es mejor que esta caja de olvido
cacho, suponemos que será bueno :)
bambú, yo creo que lo esperanzador en sí es la conciencia de dónde se está desde el principio, no?
letras de arena, volver a ser recordado ya no tiene sentido supongo... Esa caja delata una gran miseria
ontokita, vivir muchas veces consiste en despertar de los sueños de otros
petrusdom, lo cercano de lo desconocido comienza frente a uno mismo, y da cierto vértigo
stradivarius, gracias por dejarlo en las musas. Saludos.
ava, llorar el espanto: preciso, perfecto. De eso se trata...
clarice, no a la misma...
cándido, cuánto tiempo, qué linda sorpresa. Las musas siguen trabajando :)
claudia, dedar ir, exacto, eso es lo que duele de crecer
a todos:
Gracias por sus comentarios. Sé que lleva tiempo leer un cuento como este. Agradezco de verdad que lo empleen en las musas (es un privilegio para mí)
Muchos besos
Musa Rella
Estremecido, ni el final liberador consigue volverme el calor al cuerpo.
Es un gran relato, tremendo, duro y muy bien escrito.
Sólo espero que no sea biográfico.
Besos.
una mujer partida. una mujer perdida. una mujer que se dehoja.
besos, musa.
au revoir.
La caja es pura obnubilación de humedad. Espejos que nos reflejan desde dentro, grietas que no merman con la luz, las expansiones implícitas del dolor en su punto cajonario. Besos surreales.
Y sí, Musa. Cajas y cajones son parientes cercanos. Desde chiquita quise ser contorsionista china. Con el único (terco) fin de probar y probarme que el encierro no existe. Y contorsionista ¡y china me volví! (pucha! qué duras son algunas cajas! Mejor salir a pasear con el vestido rojo a cielo abierto!)
beso
(y gracias por visitarme, pispeé unas cuantas cosas interesantes por aquí, ya pasaré a leer con más detenimiento.)
Quizá sea que sus lágrimas la liberaron del deshaogo eterno de la frustración y la palabra callada.
El vestido rojo le aguardaba los miedos, como la caja...
Que increiblemente conmovedor!!
toro, no te congeles. Sobre si es autobiográfico, digamos que es una sensación reconocible... no?
vladimir, como libros que se deshojan, como ojos que se des ojan :)
marquinho, el cajón del dolor está lleno de espejos rotos que nos multiplican
melina, bienvenida.
jajaja, a mí también me gusta el contorsionismo, pero he descubierto que el encierro existe. ¿Has probado querer salir de vos? Sí, me temo que estamos encerrados. :) Muy bueno tu blog, pasaré a visitarte...
.jl.,efectivamente, el vestido rojo cubría sus miedos. Pero al escapar, con el apuro, se olvidó de llevárselos... y se sintió libre por primera vez.
Gracias por las huella-palabras
besos
Musa
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