Compañera

Vino a buscarme. Me mostró sus dientes enormes y susurró un verso de Baudelaire. Tuve una sensación tan triste como de baldosa rota los domingos. Apreté los dientes, la miré a los ojos y le pedí que esperara.
Me resistía a pasar la vida huyendo de ella. Ahora que la conocía en persona descubrí que no me daba tanto miedo como imaginaba.
Ella era intuitiva y aplomada. Se quitó el abrigo, lo estiró con calma y lo colgó. Acto seguido, se acomodó debajo de mi cama.
Cada tanto me olvidaba de que estaba allí y en un descuido, al recoger unos zapatos o cualquier objeto, la imagen era desoladora. Me llevé varios sustos antes entender que seguiría agazapada hasta el último día. Tenía un libro en sus huesudas manos del que no llegaba a leer el pequeñísimo título, por más que me esforzara. Seguro que le fascinaban las historias de héroes porque infinidad de veces las relataba dormida.
Yo encendía la luz sin hacer ruido, me asomaba por debajo y allí estaba ella, con los calcetines de almohada. Hasta llegué a tomarle cierto cariño. Pero cuando veía sus uñas manchadas de un rojo intenso, se me revolvían las tripas. Su ropa arrugada olía al sudor de la otra gente a la que había visitado.
Durante bastante tiempo llevé una vida normal. Tuve amantes a los que les pedí discreción para no despertarla. En el cuarto había caricias mudas y conversaciones en voz baja. Había orgasmos y desayunos en la cama sin una sola palabra. Besos, humedad, manchas de placer.
Pero sentía su respiración pronunciada y sabía muy bien que seguía esperándome. Perduraba un reclamo tácito en su mirada controladora.
El último día me desperté de madrugada y recogí algunas cosas. Hice una maleta pequeña, guardé fotos y algo de ropa. Después de cerrar la puerta de entrada, busqué una alcantarilla y tiré las llaves, recordando el final de un cuento de Cortázar "no fuera que algún pobre desgraciado se le diera por entrar a robar" decía, me lo sabía de memoria, como si de un plan de escape se tratase. Por clemencia tomé la misma precaución.
El amanecer me encontró en medio de una ruta sin letreros, me dolían los pies. Me senté a descansar un momento y vi en el reflejo de un coche que llevaba puesto su abrigo.

18 comentarios:

letras de arena dijo...

Me ha encantado el relato. Es la muerte una compañera especial, una impulsora de vida que nos acecha y nos empuja a seguir adelante hasta que ella quiera.Celosa compañera la muerte.

Arcángel Mirón dijo...

El cuento es Casa tomada, verdad? Es genial.

Dejo a Cortázar. Hablo de vos: sos muy buena. Escribís muy bien. Me gusta mucho leerte.

Saludos. :)

juan dijo...

...todo encuentro y bienvenida lleva adentro un pedazo de adiós...

Gloria dijo...

Escribes tan bien! Sera porque estas muy viva. Y estar vivo de verdad quizas tenga mucho que ver con abrazar nuestra sombra, y con saber que "esto que estamos haciendo puede ser nuestro ultimo acto, nuestra ultima batalla sobre la tierra." Vivir con esa conciencia proporciona avidez, sorpresa e intensidad, tambien insospechadamente: paz.
Me encanto tu texto, te dejo un gran abrazo.

Juan de la Cruz Olariaga dijo...

Acá estoy de visita, acabo de responder tu comentario en mi blog. Amiga, te cuento que tu relato me atrapó desde la primera letra, me llevó como en brazos hasta su final, su descriptiva es realmente de alto vuelo, concretamente me encantó, te voy a visitar seguido. Te dejo un beso enorme.

María Elisa Quiaro dijo...

la muerte, la presencia infinita, la que paciente espera mientras nosotros celebramos la vida. Tienes el arte de la palabra y la imagen que se conjugan y juegan...musa maga, musa rella. hoy te de jo un tulipán y un rayo del primer sol

Mónica Sabbatiello dijo...

La muerte y tus palabras.

Una mano de fuego para no negar. Que abre cualquier olvido, cualquier querencia.

Magnífico texto, con piel de vida, aún en su mármol negro, en ese aroma de despedida siempre ya,
siempre ahora,
por las dudas.

La muerte, la mejor amiga,
la que enseña,
la que hace abrir más grande los ojos,
para ver hasta lo invisible.
Más allá de las pavadas.

La muerte que te sube a lo alto de alguna montaña,
Montesarrat, por ejemplo,
y pone en su lugar
todas las cosas.

Tu expresividad en texto y en imagen,
de luz negra,
de blanca luz,
te me muestra desde tantos lados,
y supongo que te muestra a ti misma, desde tantos otros,
que leerte es aprenderte,
y aprenderme,
y aprender.

Gracias Muza rella, por compartir
todo.

Cándido Mojarro dijo...

Me encanta volver a encontrarme con la narradora de raza que eres.

Auqnue el blog, en su conjunto, es genial.

Clarice Baricco dijo...

Este relato puede ser el principio a una novela.

Abrazos

Pedro M. Martínez dijo...

Magnífico.
Ese poema, justo ese, me impresionó siempre (confieso que lo utilicé a menudo para impresionar a otras). Tiene un punto dramático, intenso, desgarrador, cruel y sin embargo cierto.
Pero tu texto destaca, es hermoso, magnífico dije (y no quito una coma).
Mis saludos de domingo triste.

Petrusdom dijo...

La muerte, el viaje, también el regreso. Me ha gustado de las baldosas rotas..., contraste y color difuminado.

Anónimo dijo...

Letras de arena, arcángel mirón (sí, la referencia es "Casa tomada") juanmosquera, azul caleidoscopio, juan de la cruz olariaga, ontokita, NINA, cándido, clarice baricco, pedro, petrusdom:

Ver sus comentarios es un gusto ENORME.
Les agradezco todos los halagos, la lectura detenida en estas 3musas, que los dedos opriman cariñosamente el teclado para generar este diálogo...

BESOS
Musa Rella

Elú dijo...

La compañera,
La hermana de las luces lejanas
Detrás de nuestros hombros,
Nos visita,
Qué somos frente a ella?

Nos deshace,
Nos libra,
Nos permite despertar!!!

Mi profunda admiración por tus letras danzantes Musa, una estela de luz de abismo de tus fibras.

m dijo...

Impresionante relato. La muerte juntó sus labios con los míos, y sentí miedo, y por el miedo, sentí frío, pero al mismo tiempo, sentí el calor de las llamaradas recorriendo cada rincon de mi asustado cuerpo...

Marquinho dijo...

Excelente el relato, escalofriante la imagen y muy apropiadas las referencias a Cortázar y Baudelaire. La muerte sabe esperar, es la mejor compañera. Un abrazo.

Anónimo dijo...

elú, exactas tus palabras: nos deshace, nos libra...

sirena, esas llamas que congelan: existen sin duda

marquinho, y nosotros sabemos escapar pero a veces nos olvidamos (o no queremos)

Les agradezco los comentarios, me encanta recibirlos por aquí.
Besos

MentesSueltas dijo...

Pasaba a dejar un abrazo, a pesar de estar "corto" de tiempo, me hago un rato para saludar...

Estoy siempre

MentesSueltas

Gustab dijo...

remordimientos para los pecadores, no para tí, la danza de los amantes fue concedida por la trinidad.....bella figura