Marionetas

Sospecho que hay espías.
Imágenes que son observadas, masticadas.
Palabras deshechas. Silencio.
Y una foto falsa instalada al costado
de alguien que seguramente ya no existe.
Las imágenes se diluyen a cada rato.
Este es un lugar extraño como otros,
donde reina el abandono. Otro más.
No es el sitio de las frases geniales,
ni el adecuado para desatar los pseudónimos:
títeres que se animan a lo que uno no,
mientras el animal político es enjaulado.

Matar Poetas

Esta mujer es la poesía robada.
Corta bocas y las pega en sus papelitos blancos.
Recoge palabras que le gustan, que la incomodan, palabras a las que teme.
"Es una mala poeta" afirman algunos señores.
"Esa imagen es mía" grita otra voz tras la ventana.
Todos se ponen de acuerdo en terminar con ella.
Una guillotina invisible los deja tranquilos.
Rueda su melena roja.
Pero esa noche los verdugos duermen y sueñan.
En su interior, en retazos de celuloide, se proyectan los sueños de la muerta.

Sueño










El animal que lo habita
sueña que gime.
...............................................................
La noche le quema los ojos de placer.
Le brotan hijos como palabras.
Luego ve gigantes pequeñísimos buscando su identidad.
Y mientras duerme, lo sobresalta el resplandor negro de la muerte.
Aún es de madrugada cuando la bestia se le desvela dentro.
Se transforma en un ser corriente, va al trabajo.
En la calle reconoce a cientos de ellos,
son como insomnes peinados, ojerosos, rancios,
con caricias siempre a punto de sangrar.
Ya no se siente tan solo, se pierde entre la multitud.
Sabe que regresará a su cama y se reconocerá.
Pero es al volver que comprueba que la bestia se ha ido,
que ya es otro.
Y por primera vez está vacío, no queda nadie más.

Palabras

Una fuerza se apodera de tus manos.
Señales de humo o símbolos, secreto crujido de bichos.
Se amontonan
en una manifestación de sentidos.
Es el tiempo de salir del agujero.
Procesan como hormigas una tras otra,
desobedientes, apasionadas, tenebrosas,
arrasan con cualquier intento de obstáculo.
Son un ejército ciego que busca sentido.
Mueren algunas, resucitan otras.
Las entrañas les marcan el camino.
Por obstinadas, dejan huellas dolorosas.
Creen en el milagro de su fragilidad.
Palpitan, muerden, arden, quiebran
antes de llegar al sino.

Niñez

Hay veces en que la tristeza tira la puerta abajo.
Si golpeara no le abriría, pero entra y muerde.
Como un perro rabioso, devora las entrañas y el sueño.
Es imposible ignorarla.
Entonces imagino una ventana por la que mirar el mundo,
por la que escapar de la conciencia,
que tiene cortinas rojas y macetas.
La salto. Corro a través de la maleza
Pero es al girar que advierto lo que me temía:
me acompaña una sombra igualita a mí
buscando puertas que echar abajo.

Flor del mal


Harta del rococó, del mareo de palabras,
del desgarro escondido, de la metáfora que miente,
de mi propia furia, de la intransigencia del olvido,
del grito, de las dudas, del no saber a quién ni dónde,
de la mirada cruel de mí misma, del silencio torpe,
del humo de papel que me escuece los ojos, de no verte.
Tan harta de todo
me desvelo en vos, con voz, maldita poesía.
Porque alguien tiene que explicar cómo duele.

Lluvia

Salí a buscarte.
Empapada, la ciudad se vuelve otra.

Diminuta

Yo
Hormiga que se enreda en la literatura
Animal nocturno
Vida que se interna en las sepulturas
Soledad
Cocinera de sueños omnipotentes
Sal
Humareda de días
Hoy
Un reloj maldito
Sordo
Tic
Tac

Nina










Tengo una madrina combativa.

Cuando me quiebro
saca su plasticola roja y me pega.
Si se me enreda el barrilete en algún árbol,
se trepa como un gato y lo libera.
Cada vez que pierdo el último tren,
aparece en la estación con un mate.
Si no se me ocurre un cuento original,
me recita historias donde se cocinan maridos.

Cura con tazas de té y semillas.

Ahora entiendo por qué carga siempre esa mochila.
Le pregunto ¿Qué llevás? y me dice "Casi todo"
"Curitas para la soledad impertinente, naftalina.
Amores probables y probados.
Osadía. Una escalera, por si hace falta.
Hasta una tía lejana, llegado el caso"

Saca conjeturas. Toma partido. Juega.


Yo creía que a su generación la habían perseguido,
que se había exiliado por ser solidaria.
Yo creía que no quedaba nadie,
pero resultó ser que ella es
y están todos.

Martín Fierro

Imagen: Ricardo Carpani
Marginados
El "Martín Fierro" de José Hernández constituye uno de los mejores ejemplos de Poesía combativa.
La poesía, no se remite solamente a la belleza de símbolos lingüísticos, sino que representa una herramienta social de denuncia, de revelación de la esencia humana, que deja indefensa nuestra razón ante imágenes sensoriales por las que se cuela el inconsciente.
A través de los recursos literarios nos mostramos, comunicamos y nos rebelamos ante la injusticia. Narramos para que quede testimoinio de un hecho que, con el correr de la historia, será nada más ni nada menos que un registro de nuetro tiempo.

Juguete Roto

Pintura: Mark Ryden La niña que fui, medio rota, asoma por debajo de la cama.
Mientras duermo, se prueba mis zapatos y mi ropa.
Se pone un labial sugestivo y me imita.
Ella se burla de todos porque sabe del olvido.
Su risa es un estruendo de juguete que me calma.

En algún sueño la llevé a pasear en subterráneo,
pero no se conforma. Quiere más.
Cuando ando con ella en el bolsillo,
no deja de preguntar si falta mucho.
Me dibuja en las paredes muñequitas con trenzas.
A veces jugamos a las escondidas
y me gana por ser invisible.

Un día que se quede dormida en cualquier parte
la voy a dejar, voy a seguir sola.
Ya está bien de manchas de chocolate en la camisa,
de llorar por cualquier motivo.
No quiero cargar con ella.

Aunque es probable que me busque
y yo nunca haya existido.

Julio


Arrancado del día, escondido en las sombras de tu infancia,
inventabas Quijotes.
Y la máquina de matar hormigas devoraba.
Por entonces, Oliveira ya era un polizón en tus uñitas.
Mientras buscabas un cielo de tiza:
la Maga guardó cuidadosamente tus dientes de niño.
Un cronopio te rescataría luego de esa ternura de barrio
e irías con él a habitar ausencias.

Años después,
el hombre cejijunto que anidaba en tus entrañas
gritaba tu desolación.
La prisión del reloj,
esa continuidad de los parques asesinos.
Y ahora somos la conspiración del olvido
que tu cíclope ha desbaratado para siempre.

Distracción

Yo, monumento a la descomposición, me sometía a mis órdenos.
Alguna vez un vidrio roto me hizo pedazos.
Y vagué sin nombre hasta que ensordecí.
Entonces nada importó.
Tenía una nariz prominente que echaba por tierra cualquier intento de máscara.
Subí a un tren que no arrancó nunca y me bajé por error en otra estación.
Y regresé a mi casa, pero ya no estaba por ningún lado.

Laberintos cerebrales

Te busco en mi desorden para asegurarme de que no estás.
Odio profundamente la irrupción de estos días extraños en mi cerebro.
Preferiría una página sin fechas donde encontrarte dormido, como al descuido.
En este juego remoto de líneas que me conducen: hallo un muerto y me asusto,

creo que podrías ser vos.
Pero un alivio me sobreviene al reconocer mis zapatos.

Frida


Leve intento de amasar horas rojas,
camas,

soledades parecidas a sí misma.

Fantasmas que se cuelan por entre las sábanas

y que piden limosnas de hijos.
Perfume si nariz que se pierde en la nada.

Me quiero bajar

Época de novedades viejas
y marionetas navideñas que buscan regalos.
Consoladores agitados de insatisfacción.

Necrófilos en huelga.
Auto-consumo.
Simulacros de felicidad.
Atentados por la salvación.
Humareda de ideas.
Jesucristo súper star.
Cotillón. Multitud y soledad.
Desenfreno etílico para curar heridas.
Algodón. Suciedad.
Polución de plástico.
Peste bíblica.
El sillón burgués dentro del pesebre.
La tele murmura su sordera habitual:
un deseo de Feliz consumismo y deuda nueva.

Precipitarse

Las 3 musas te dan la bienvenida a esta fiesta vital, ahora decime ¿quién te mandó a meter las narices en esto?
Algunos le atribuyen la culpa a Satanás, otros a la química, el destino o incluso el mal de ojo. Lo cierto es que estás aquí por un corto período de tiempo, transformado en esta peculiar máquina que se empeñan en llamar humana.
Y desde ese encierro escribís, tal vez solo para liberarte del pegote del hoy. Te desesperás por alguna pócima que te cure el escozor, pero es inútil, ya lo entendiste. Al mirarte en el espejo no encontrás más que a un extraño zurcido a tu voz, a una mascota que envejece y duele; que reclama, reprime y revienta, solo es cuestión de tiempo.
Pero por suerte siempre te quedarán los segundos de vacío antes de llegar. Y quizá entonces, en el instante previo a estrellar el ego, te den la bienvenida a tu verdadero circo ¿O preferís no enterarte nunca?
No más depilación para la mujer barbuda. Que comience la función.