Me digo “Abrí la boca, dejate agasajar por el deleite de las fiestas", ahora que iluminan el frío de las calles esas luces con forma de trineo. Fin de año se acerca de manera implacable. En el espejo ya no existe la que era. Ahora hay una extraña que me convida placeres que no entiendo. Sigo odiando los turrones y tengo una soledad parecida a la que siempre he soñado. Soy contradictoria, por eso me callo y mastico las almendras y el merengue endurecido. A mi lado hay un vacío interesante y no puedo evitar contemplarlo.Hace poco que te conocí, y fue bonito. Nuestros cuerpos jugaron a abrazarse, fue un ritual extraño. Había clowns. Bailamos y tus manos me cuidaron del suelo. Alrededor la gente murmuraba, era como un rezo colectivo. Y mientras esperábamos el comienzo de la función, nos acariciamos la cara. Rodamos por el piso, nos besamos la piel. Nunca nos habíamos visto, era la primera vez que nos atravesaba ese tren luminoso. Dejamos que nos pasara por encima y nos reímos. “¿Qué fue esto?” preguntaste, conociendo la respuesta. “Mimos” susurré yo, mientras sentía que se trataba de mucho más. Sonreíste. Hubo un estruendo. Lo que más aborrecí de haberme despertado fue no pedirte el teléfono, pero de todas formas, pensé, el pijama no lleva bolsillos. Y me conformé con encontrarte por la calle un día de estos.




































