Pequeña venganza literaria

Imagen David Lynch
Había vampiros esperando tu cuello. Se agazapaban en su soledad; se retorcían en la sombra, mientras hallaban el momento oportuno para dejarte su huella de propiedad. La marca de su boca.
Ahora sos un fantasma sin hijos, una parte de algo muerto. Tu pelo es una nube de smog. Te sentís una caricatura cobarde en un país extraño, un híbrido lleno de incertidumbre. Tus manos están torpes y buscan ese interruptor que te saque la angustia, se desesperan por encontrar la llave de luz. Pero es de día. Sos vos el que está ciego, chupado por el espectro pálido de tus sueños. Ya no sos amado por nadie. Has destruido todo. La sangre se te escapa por la piel, te has abandonado en una de las cajas, pero todavía no te diste cuenta.
Ahora hay silencio en esta pequeña venganza, en este dolor que crece y se expande, hasta convertirse en nada. Tu risa estalla, te domina la ternura mientras besás al vampiro. Y yo pienso “buen provecho”, al escuchar el eructo del olvido después de que te ha devorado.

Casa vacía

Foto Olivier Christinat
Hay plantas carnívoras en la cama.
---------------- Armarios d e s m e m b r a d o s.
Fotos escondidas.
---------------------------- El cuerpo r-o-t-o.
------------------------------ Un vacío de besos.
Voces muertas en el contestador.
----------------- La cerradura muda.
Tu ausencia llenando hasta la taza del café.
--- Mis manos sin sentido y las ventanas cerradas.
Este yo tan solo
a punto de desaparecer, o de ser otro.

nOSTALGIA

cAMINABA DORMIDA DENTRO DEL AGUA. eL RIO DE LA PLATA REGABA LAS PLANTAS GRISES.
tUVE QUE SUBSISTIR A BASE DE PECES. mE LOS COMÍA VIVOS, ME ENTRABAN POR LA NARIZ Y POR LOS OJOS. tAMBIÉN BEBÍA MILES DE LITROS DE AGUA DIARIOS.
dORMÍA TAPADA POR CARACOLES OSCUROS QUE SE OBSESIONABAN POR ENTRAR EN LOS CAFÉS DE LA CALLE cORRIENTES. nO LOS DEJABAN, POBRECITOS, AUNQUE MUCHÍSISMAS VECES HABÍAN INTENTADO COLARSE (pERO DÓNDE SE HA VISTO A CARACOLES VENDIENDO FLORES, ERA EVIDENTE EL TRUCO).
lA FAUNA ACUÁTICA ME TEÑÍA LA PIEL DE MORETONES. aMABA A GENTE ANÓNIMA Y PERDIDA COMO YO.
pOR ESO VOLVÍ A MI CUEVA, EMPAPADA DE SUEÑOS TERRENALES Y ABSURDOS.
aHORA HABITO ESTA HERMOSA PECERA, QUE QUEDA EXACTAMENTE EN EL CENTRO DE ALGO.

Subte A

Soñé que me pasaba a buscar a mí misma. Me veía con cuatro años. El yo grande llevaba a pasear al pequeño en subterráneo (algo que amaba a esa edad). La tomaba de la mano. Parecía como si me estuviera esperando. Contemplaba el mundo enorme con sus ojos marrones. Las dos dábamos un paseo sin hablar, con una complicidad extraña. Ella veía pasar las estaciones, se colgaba de la ventana, lo disfrutaba. Las manos le olían a galletas de leche. No era tristeza lo que nos iluminaba la cara, más bien cierta nostalgia.
Al anochecer la dejaba en casa de los abuelos, mientras un puñado de vecinos curioseaba detrás de las ventanas.
La recuerdo despidiéndome desde el viejo umbral de mármol, apenas un segundo antes de que alguna de las dos despertara.

Niñez II

El abuelo me contaba cuentos. Sus ojos pequeños hablaban de los juegos en el patio de la escuela, de sus amigos del barrio, de la guerra.
Yo estaba a merced de su voz. Me acunaba su nostalgia de emigrado, cada una de las óperas que silbaba al dar su vueltita por las tardes.
Era música también el ruido de sus zapatos gastando el pavimento y los envoltorios de caramelos que crujían en su bolsillo.
Fuimos amigos. A veces nos peleábamos. Otras jugábamos a las escondidas, pero yo sabía que él siempre estaba allí, al acecho de mi soledad, aunque se ocultara.
Hasta que una tarde se diluyó. Y poco a poco conseguí oir acordes donde otros escuchaban zumbidos.

Memoria de pez

Nos comíamos unos a otros. Nos reproducíamos también en las ciudades, ocultos en piletones de piscifactorías. Éramos el espíritu que reinaba sus cloacas, ciudadanos de ese mundo apocalíptico.
Yo era más afortunado: vivía mar adentro y por entonces me había enamorado de unas aletas pequeñas, tiernas, que perdí de vista porque siempre he tenido mala memoria para las caras.
Pero no me resigné, la busqué en otras. Me acerqué a todas, rocé sus escamas con la esperanza de encontrarla en la multitud del océano.
Estaba enfermo de ella.
Entonces hubo un guiño inequívoco, dejó un rastro perfumado y la reconocí. Con las pocas fuerzas que me quedaban fui en su busca, y al llegar comprendí lo que temía: el vestigio –eructo de agua– conducía a mi estómago, sus espinitas aún me hacían cosquillas en la tripa.

Ritual

Foto Claude Fauville
Un resplandor negro te rescata.
Esa imagen a punto de nacer
se proyecta sobre una pena de tela.
Entonces la cara se te transforma
y sos una jaula humana llena de gaviotas negras.
Tu voz es un templo ancestral
que contiene el secreto de camas deshechas.
Hay un impulso que te arrastra
y se desmayan tus manos en las entrañas rojas.
Acarician, susurran silencios, tus uñas rotas.
Y una piel que ha luchado cuerpo a cuerpo
hasta reconocerse otra,
te recibe.
Ya casi todo ha muerto menos la memoria.
Continua mordiendo la sangre
el recuerdo de tu boca.

Punto


Foto Dimitri Daniloff
Estaba a punto de sucumbir en silencio, de contar ovejas muertas, de decorar mi casa con flores marchitas; de pedirle al verdugo del cadalso secreto (ese que no ha matado a nadie todavía) el privilegio de sus manos.
Estaba a punto de a r r a n c a r m e los dientes y el espanto; de fagocitarme a mí misma como si de un extraño manjar se trartase; de concederme un último desvarío y andar con las tripas llenas de mí.
Estaba a punto de ser el centro de ese universo negro, donde todo confluye de manera inequívoca; de convertirme en una Nada que se amontona, en otra chatarra cósmica.
Estaba por cortar los cables y desordenar las letras; por abandonar de una vez el milagro de sangrar este papel.
Y, sin embargo, no había comprendido que llevaba tiempo muerta.

Huir

Teníamos todo perfectamente planeado. Lo haríamos esa misma noche, en silencio, apenas con un par de cosas en la maleta, saldríamos en busca de otra realidad.
Ambos teníamos sueños sin consumar, pesadillas por cumplir a medias y el deseo de un cambio de rumbo que nos condujera a lo que los otros llamaban "felicidad" y que nos imaginábamos como una fiera que huía.
Por entonces el mundo estaba a punto de una guerra contra hombrecitos hermanos. Teníamos miedo de ser uno de los soldados, de que nos empujaran a destripar niños como era tan frecuente.
Salí con mi maleta en medio de la penumbra hasta el lugar convenido. A lo lejos distinguí una sombra. Te encontré desnudo en medio de la calle, tus heridas sangraban. Las uñas sucias me cavaban el vientre como buscando asilo. Me miraban unos ojos que provenían de un pozo, ya no eran los de siempre.
Me quedé a tu lado esperando que vengan a buscarme. Estabas cada vez más helado, te abracé para despedirme. Luego cerré los ojos del delator, o los tuyos, y escuché las sirenas.

Nacer

Foto Jenni Tapanila
Salí de este encierro para encontrarte.
Yo era un trozo de nada dentro de un caparazón.
Era un secreto bien guardado, casi mudo.
Un lugar en el mundo estéril,
con ganas de nacer.
Entonces escuché un golpe.
Tu mano destrozó la cáscara, me invitó a la vida.
Me hamacaba en cuanta plaza encontraba por el camino.
Hasta me bañé desnudo y una carcajada nació de mi estómago.
Cuando giré para hacerte cómplice, no estabas.
Te busqué por todos lados. Sentí soledad.
Volví a mi cueva.

Allí estabas.
Acurrucada en el hueco, con los ojos abiertos,
por fin habías encontrado el mejor lugar para morir.

Dios


Foto Chris Sickels
Yo soy mi propio títere.
Estoy hecho de cartón y piel.
Mis ojos se derriten de tinta.
S u d o   s m o g
Y sueño con despertarme humano algún día.
Ya no aguanto más,
una de estas tardes cortaré los hilos,
r e v e l a r é
mi verdadero yo:
deseo ser un hombre
que fabrique juguetes
parecidos a sí mismo,
y se esconda
dentro.

Justicia

"El culpable quiso huir, lo intentó. Había robado una taza de leche, dejó huellas por todos lados. Esto es una guerra, no existe la palabra asesinato. En todo caso los crímenes que se procuran son en defensa propia, defendemos el sistema de bienestar de la comunidad entera. Hubiese visto su cara, daba asco. A esa lacra hay que eliminarla, apretar el gatillo, limpiar la ciudad sin pensárselo demasiado. Son astutos, sigilosos, roban por gusto, están enfermos. Nosotros somos los responsables de velar por la seguridad, es nuestro trabajo. Cualquier medio está bien justificado por el fin. La vejación es parte del juego: reducirlos a estado de cucaracha, que se sientan humillados ante el poder de la autoridad.
Todo iba bien, le juro que ganábamos esa guerra, hasta que entré a mi casa y vi a ese sujeto reflejado en un espejo, un maldito con uniforme, un loco que se apuntaba a la cabeza. No me reconocí y disparé por precaución"

Antropófago

Foto Robert Gligorov
A medida que la glotis se cierra
las palabras estallan.
He buscado tus huesos en las entrañas húmedas,
pero tu cuerpo navegó deshecho.
Los dientes mordieron la piel sin tregua.
Te amé mientras cavabas surcos perfectos.
Y antes de masticarte, probé tu boca.
Me bebí los ojos de un sorbo, como si fueran vino negro.
Vos te divertías ciego.
Tu risa cruzaba la tarde de punta a punta.
Llovía a cántaros.
Las sábanas sudaban cuerpos.
Yacíamos desnudos, sin piel,
mucho antes de la muerte orgásmica,
aún antes de quedarnos solos.
Uno dentro del otro. Engullidos, desarmados.
Y ahora, mientras las calles se inundan,
ya no estás.
Y me crecen peces dentro.

Raro

Cociné a Dios sin querer
y ahora toda la casa huele a laurel sacrílego.
Cada vez que paso cerca de la boca del subterráneo
no puedo dejar de besarla.
Mi escondite está a la vista de mis vecinos.
Descarto el tarot y los juegos de mesa.
Me dan urticaria las fichas de colores y las médicas.
Soy alérgico a las cartas de pócker,
por eso tampoco cultivo el género epistolar.
Supongo que Aries es mi signo lingüístico.
Muchas veces tengo miedo de que este mundo esté al revés
Y haya explotado para adentro
Sin que nos diéramos cuenta.

Amor

Nos miramos frente a frente. Tu pequeño cuerpecito se escabullía entre mis manos. Era suave. Tu voz volaba como por descuido, me susurrabas algo al oído en un idioma extraño. Pensé "otra historia de amor del montón". Tenía miedo pero aún así algo me atraía. Tus piernas largas se apoderaron de mí, me absorbió por completo esa humedad. La lengua se enterró hasta el cuello y pude sentir el sabor de tus entrañas rojas.
Tu belleza se enredaba en las cortinas, por momentos desaparecías. Pero sabía muy bien que estabas ahí porque escuchaba tu respiración, ese latido invisible por el que me sentía perturbado. Tu figura como al acecho esperaba el momento de dar el gran salto. "Otra vez, no. -Te supliqué- Estoy agotado". Con el correr de las noches empalidecía cada vez más y me iba convirtiendo en un minúsculo artefacto, una pesadilla soñada por Bukowski. Pero aquello era real, yo empequeñecía a una velocidad increíble.
Una tarde golpearon a la puerta y no llegué al picaporte. Pasaron los días. En mi espalda pequeñísima se abrieron dos grietas y de ellas brotaron unas alas verdes. Las movía torpemente, me posaba sobre la mesa de luz y probaba dar un salto, suspenderme en el aire. El día que lo conseguí tenía demasiada hambre como para festejar nada. Me escabullí por debajo de la puerta del cuarto y llegué a la cocina. Sobre la mesada había un pedazo de carne cruda que olía a podrido y la chupé con avidez.
Vos te reías. Poco a poco te alejaste como si hubieras cumplido la misión encomendada, estaba claro que ya no sentías más que pena por mí. Te maldije en voz baja, no pude llorar. Deseé tu inminente aplastamiento. Que explotaras, no verte nunca más.
Ya desnudo y solo volví a tener languidez. Volé hasta la ventana entreabierta y vi pasar una mujer de labios carnosos. La deseé de inmediato. Me enredé en su abrigo, sentí arder la sangre y dejé que me llevara.

Compañera

Vino a buscarme. Me mostró sus dientes enormes y susurró un verso de Baudelaire. Tuve una sensación tan triste como de baldosa rota los domingos. Apreté los dientes, la miré a los ojos y le pedí que esperara.
Me resistía a pasar la vida huyendo de ella. Ahora que la conocía en persona descubrí que no me daba tanto miedo como imaginaba.
Ella era intuitiva y aplomada. Se quitó el abrigo, lo estiró con calma y lo colgó. Acto seguido, se acomodó debajo de mi cama.
Cada tanto me olvidaba de que estaba allí y en un descuido, al recoger unos zapatos o cualquier objeto, la imagen era desoladora. Me llevé varios sustos antes entender que seguiría agazapada hasta el último día. Tenía un libro en sus huesudas manos del que no llegaba a leer el pequeñísimo título, por más que me esforzara. Seguro que le fascinaban las historias de héroes porque infinidad de veces las relataba dormida.
Yo encendía la luz sin hacer ruido, me asomaba por debajo y allí estaba ella, con los calcetines de almohada. Hasta llegué a tomarle cierto cariño. Pero cuando veía sus uñas manchadas de un rojo intenso, se me revolvían las tripas. Su ropa arrugada olía al sudor de la otra gente a la que había visitado.
Durante bastante tiempo llevé una vida normal. Tuve amantes a los que les pedí discreción para no despertarla. En el cuarto había caricias mudas y conversaciones en voz baja. Había orgasmos y desayunos en la cama sin una sola palabra. Besos, humedad, manchas de placer.
Pero sentía su respiración pronunciada y sabía muy bien que seguía esperándome. Perduraba un reclamo tácito en su mirada controladora.
El último día me desperté de madrugada y recogí algunas cosas. Hice una maleta pequeña, guardé fotos y algo de ropa. Después de cerrar la puerta de entrada, busqué una alcantarilla y tiré las llaves, recordando el final de un cuento de Cortázar "no fuera que algún pobre desgraciado se le diera por entrar a robar" decía, me lo sabía de memoria, como si de un plan de escape se tratase. Por clemencia tomé la misma precaución.
El amanecer me encontró en medio de una ruta sin letreros, me dolían los pies. Me senté a descansar un momento y vi en el reflejo de un coche que llevaba puesto su abrigo.

Angel asesinado

Creí que te habías ido, pero fue el otro quien escapó. Vos te quedaste quietito, con tus manos heladas de espanto. "Me abandonaron" susurraste.
Después se te cayeron los ojos al agua. Los buscamos pero fue inútil.
Yo me mordía los labios por no llorar "¿Estás ahí?'" me preguntaste con debilidad.
"Sigo aquí, no te preocupes" alcancé a decir, antes de que tu cuerpo desnudo se partiera.
"Estos malditos periódicos" pensé acariciando tu tez quebrada, que yacía con una dulzura increíble.
Te amé esa tarde, mientras dejabas de contarme historias. Tu perfume sangraba lucidez.
Cómo no morirse de pena en este mundo. Me limpié los ojos embarrados, me puse el traje de tu piel y salí.

Marionetas

Sospecho que hay espías.
Imágenes que son observadas, masticadas.
Palabras deshechas. Silencio.
Y una foto falsa instalada al costado
de alguien que seguramente ya no existe.
Las imágenes se diluyen a cada rato.
Este es un lugar extraño como otros,
donde reina el abandono. Otro más.
No es el sitio de las frases geniales,
ni el adecuado para desatar los pseudónimos:
títeres que se animan a lo que uno no,
mientras el animal político es enjaulado.

Matar Poetas

Esta mujer es la poesía robada.
Corta bocas y las pega en sus papelitos blancos.
Recoge palabras que le gustan, que la incomodan, palabras a las que teme.
"Es una mala poeta" afirman algunos señores.
"Esa imagen es mía" grita otra voz tras la ventana.
Todos se ponen de acuerdo en terminar con ella.
Una guillotina invisible los deja tranquilos.
Rueda su melena roja.
Pero esa noche los verdugos duermen y sueñan.
En su interior, en retazos de celuloide, se proyectan los sueños de la muerta.

Sueño










El animal que lo habita
sueña que gime.
...............................................................
La noche le quema los ojos de placer.
Le brotan hijos como palabras.
Luego ve gigantes pequeñísimos buscando su identidad.
Y mientras duerme, lo sobresalta el resplandor negro de la muerte.
Aún es de madrugada cuando la bestia se le desvela dentro.
Se transforma en un ser corriente, va al trabajo.
En la calle reconoce a cientos de ellos,
son como insomnes peinados, ojerosos, rancios,
con caricias siempre a punto de sangrar.
Ya no se siente tan solo, se pierde entre la multitud.
Sabe que regresará a su cama y se reconocerá.
Pero es al volver que comprueba que la bestia se ha ido,
que ya es otro.
Y por primera vez está vacío, no queda nadie más.

Palabras

Una fuerza se apodera de tus manos.
Señales de humo o símbolos, secreto crujido de bichos.
Se amontonan
en una manifestación de sentidos.
Es el tiempo de salir del agujero.
Procesan como hormigas una tras otra,
desobedientes, apasionadas, tenebrosas,
arrasan con cualquier intento de obstáculo.
Son un ejército ciego que busca sentido.
Mueren algunas, resucitan otras.
Las entrañas les marcan el camino.
Por obstinadas, dejan huellas dolorosas.
Creen en el milagro de su fragilidad.
Palpitan, muerden, arden, quiebran
antes de llegar al sino.

Niñez

Hay veces en que la tristeza tira la puerta abajo.
Si golpeara no le abriría, pero entra y muerde.
Como un perro rabioso, devora las entrañas y el sueño.
Es imposible ignorarla.
Entonces imagino una ventana por la que mirar el mundo,
por la que escapar de la conciencia,
que tiene cortinas rojas y macetas.
La salto. Corro a través de la maleza
Pero es al girar que advierto lo que me temía:
me acompaña una sombra igualita a mí
buscando puertas que echar abajo.

Flor del mal


Harta del rococó, del mareo de palabras,
del desgarro escondido, de la metáfora que miente,
de mi propia furia, de la intransigencia del olvido,
del grito, de las dudas, del no saber a quién ni dónde,
de la mirada cruel de mí misma, del silencio torpe,
del humo de papel que me escuece los ojos, de no verte.
Tan harta de todo
me desvelo en vos, con voz, maldita poesía.
Porque alguien tiene que explicar cómo duele.

Lluvia

Salí a buscarte.
Empapada, la ciudad se vuelve otra.

Diminuta

Yo
Hormiga que se enreda en la literatura
Animal nocturno
Vida que se interna en las sepulturas
Soledad
Cocinera de sueños omnipotentes
Sal
Humareda de días
Hoy
Un reloj maldito
Sordo
Tic
Tac

Nina










Tengo una madrina combativa.

Cuando me quiebro
saca su plasticola roja y me pega.
Si se me enreda el barrilete en algún árbol,
se trepa como un gato y lo libera.
Cada vez que pierdo el último tren,
aparece en la estación con un mate.
Si no se me ocurre un cuento original,
me recita historias donde se cocinan maridos.

Cura con tazas de té y semillas.

Ahora entiendo por qué carga siempre esa mochila.
Le pregunto ¿Qué llevás? y me dice "Casi todo"
"Curitas para la soledad impertinente, naftalina.
Amores probables y probados.
Osadía. Una escalera, por si hace falta.
Hasta una tía lejana, llegado el caso"

Saca conjeturas. Toma partido. Juega.


Yo creía que a su generación la habían perseguido,
que se había exiliado por ser solidaria.
Yo creía que no quedaba nadie,
pero resultó ser que ella es
y están todos.

Martín Fierro

Imagen: Ricardo Carpani
Marginados
El "Martín Fierro" de José Hernández constituye uno de los mejores ejemplos de Poesía combativa.
La poesía, no se remite solamente a la belleza de símbolos lingüísticos, sino que representa una herramienta social de denuncia, de revelación de la esencia humana, que deja indefensa nuestra razón ante imágenes sensoriales por las que se cuela el inconsciente.
A través de los recursos literarios nos mostramos, comunicamos y nos rebelamos ante la injusticia. Narramos para que quede testimoinio de un hecho que, con el correr de la historia, será nada más ni nada menos que un registro de nuetro tiempo.

Juguete Roto

Pintura: Mark Ryden La niña que fui, medio rota, asoma por debajo de la cama.
Mientras duermo, se prueba mis zapatos y mi ropa.
Se pone un labial sugestivo y me imita.
Ella se burla de todos porque sabe del olvido.
Su risa es un estruendo de juguete que me calma.

En algún sueño la llevé a pasear en subterráneo,
pero no se conforma. Quiere más.
Cuando ando con ella en el bolsillo,
no deja de preguntar si falta mucho.
Me dibuja en las paredes muñequitas con trenzas.
A veces jugamos a las escondidas
y me gana por ser invisible.

Un día que se quede dormida en cualquier parte
la voy a dejar, voy a seguir sola.
Ya está bien de manchas de chocolate en la camisa,
de llorar por cualquier motivo.
No quiero cargar con ella.

Aunque es probable que me busque
y yo nunca haya existido.

Julio


Arrancado del día, escondido en las sombras de tu infancia,
inventabas Quijotes.
Y la máquina de matar hormigas devoraba.
Por entonces, Oliveira ya era un polizón en tus uñitas.
Mientras buscabas un cielo de tiza:
la Maga guardó cuidadosamente tus dientes de niño.
Un cronopio te rescataría luego de esa ternura de barrio
e irías con él a habitar ausencias.

Años después,
el hombre cejijunto que anidaba en tus entrañas
gritaba tu desolación.
La prisión del reloj,
esa continuidad de los parques asesinos.
Y ahora somos la conspiración del olvido
que tu cíclope ha desbaratado para siempre.

Distracción

Yo, monumento a la descomposición, me sometía a mis órdenos.
Alguna vez un vidrio roto me hizo pedazos.
Y vagué sin nombre hasta que ensordecí.
Entonces nada importó.
Tenía una nariz prominente que echaba por tierra cualquier intento de máscara.
Subí a un tren que no arrancó nunca y me bajé por error en otra estación.
Y regresé a mi casa, pero ya no estaba por ningún lado.

Laberintos cerebrales

Te busco en mi desorden para asegurarme de que no estás.
Odio profundamente la irrupción de estos días extraños en mi cerebro.
Preferiría una página sin fechas donde encontrarte dormido, como al descuido.
En este juego remoto de líneas que me conducen: hallo un muerto y me asusto,

creo que podrías ser vos.
Pero un alivio me sobreviene al reconocer mis zapatos.

Frida


Leve intento de amasar horas rojas,
camas,

soledades parecidas a sí misma.

Fantasmas que se cuelan por entre las sábanas

y que piden limosnas de hijos.
Perfume si nariz que se pierde en la nada.

Me quiero bajar

Época de novedades viejas
y marionetas navideñas que buscan regalos.
Consoladores agitados de insatisfacción.

Necrófilos en huelga.
Auto-consumo.
Simulacros de felicidad.
Atentados por la salvación.
Humareda de ideas.
Jesucristo súper star.
Cotillón. Multitud y soledad.
Desenfreno etílico para curar heridas.
Algodón. Suciedad.
Polución de plástico.
Peste bíblica.
El sillón burgués dentro del pesebre.
La tele murmura su sordera habitual:
un deseo de Feliz consumismo y deuda nueva.

Precipitarse

Las 3 musas te dan la bienvenida a esta fiesta vital, ahora decime ¿quién te mandó a meter las narices en esto?
Algunos le atribuyen la culpa a Satanás, otros a la química, el destino o incluso el mal de ojo. Lo cierto es que estás aquí por un corto período de tiempo, transformado en esta peculiar máquina que se empeñan en llamar humana.
Y desde ese encierro escribís, tal vez solo para liberarte del pegote del hoy. Te desesperás por alguna pócima que te cure el escozor, pero es inútil, ya lo entendiste. Al mirarte en el espejo no encontrás más que a un extraño zurcido a tu voz, a una mascota que envejece y duele; que reclama, reprime y revienta, solo es cuestión de tiempo.
Pero por suerte siempre te quedarán los segundos de vacío antes de llegar. Y quizá entonces, en el instante previo a estrellar el ego, te den la bienvenida a tu verdadero circo ¿O preferís no enterarte nunca?
No más depilación para la mujer barbuda. Que comience la función.